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Martes, 03-02-09
Dicen los taurinos que a los toreros hay que verlos cuando se les estira la tripa, o sea, cuando han ganado bastante para no tener que jugarse la vida en una faena ante un toro difícil. A los políticos les ocurre tres cuartos de lo mismo (sálvese quien pueda). Ayer apenas, en España se levantaban voces clamando contra la dictadura, voces que, desde posiciones llamadas de izquierda, pedían el fin de los privilegios, arremetían contra el poder inamovible, la eternidad de los cargos, la vida holgada de los que mandaban, la autoridad para hacer y deshacer cuasi a su antojo, el lujo de algunos gobernantes... Eran unos tiempos en los que la lucha -es un decir, en muchos casos- contra el poder parecía no tener más intención que la igualdad entre los españoles, la consecución de un país de libertades y de progreso. A muchas de aquellas voces se les ha estirado la tripa y han llegado al poder gracias a la democracia. Y ya la faena no es la misma. Cierto es que hubo, hay y habrá hombres comprometidos con sus ideas que, desde un buen cargo, jamás aceptarán privilegios, ni privilegios que criticaron ni aun otros muchos. Pero otros estaban deseando sentarse en la poltrona para no levantarse ni para ir al cuarto de baño. Y algo peor: para, desde esa poltrona, derrochar mucho más de lo que criticaban en otros.
En una Galicia donde muchas aldeas tienen problemas de suministro eléctrico en cuanto sopla viento, llueve o truena, y en una España donde hay cientos de miles de personas temiendo que se les acabe el subsidio antes de encontrar un nuevo trabajo, el jefe del Ejecutivo, el socialista Pérez Touriño, ni corto ni perezoso se da a la «solidaridad» con los suyos y no encuentra mejor fórmula que gastarse una millonada golfa en renovar el mobiliario de algunos despachos, una vez blindado su coche oficial, claro. Y el presidente Rodríguez Zapatero diciendo en TVE que el compromiso y el esfuerzo para salir de la crisis han de ser de todos. Pues tiene tajo en casa, presidente. Ya puede empezar por su hombre en Galicia. Y cuando acabe allí, siga pasando lista entre los suyos. A lo mejor así no es tan duro el toro de la crisis.
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