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Lunes, 02-02-09
MILES de ciudadanos vieron ayer perturbados sus planes a causa de otra grave imprevisión de los responsables de Fomento. Por suerte, la nevada cayó en domingo y no llegó a provocar el colapso social, escolar y laboral del pasado 9 de enero. Poco después de la comparecencia de Magdalena Álvarez en el Congreso, está claro que no sirven de nada las disculpas y el propósito de la enmienda formulados por la titular del Departamento. El desastre se ha vuelto a repetir y no existen paliativos de ningún tipo. No era un caso de fuerza mayor, sino una nevada discreta que apenas habría ocasionado molestias si los servicios públicos funcionaran al nivel mínimo que cabe exigir en un país desarrollado. Tampoco se trataba de carreteras secundarias -aunque algunas se vieran también afectadas-, sino de dos de las grandes autovías de acceso a la capital de España. Es inconcebible que en pleno siglo XXI una perturbación de este tipo pueda llevar al cierre durante horas de la A-VI, a la altura de Galapagar y Las Rozas, y de la A-I, en las proximidades de San Agustín de Guadalix, localidades en las que residen miles de personas que se desplazan con mucha frecuencia a la capital.
También el aeropuerto de Barajas, donde la nieve no llegó a cuajar, se vio afectado por el temporal, que provocó cancelaciones y retrasos de hasta tres horas. Los viajeros de la terminal madrileña se volvieron a sumar, así, a los conductores atrapados en las cercanías de Madrid, víctimas de un nuevo caos automovilístico que llevó al RACE a emitir un oportuno comunicado al respecto. Magdalena Álvarez dijo ante los diputados que la nevada de comienzos de enero le había parecido «preciosa», un alarde de falso ingenio que resulta intolerable para quien tiene la máxima responsabilidad de hacer que funcionen las infraestructuras en nuestro país. A la vista de los antecedentes, no cabe esperar nada bueno de las explicaciones que pueda dar la ministra ante el nuevo caos, perfectamente evitable con una diligencia normal en el funcionamiento del Ministerio y de los organismos implicados en la detección y prevención de estos fenómenos. Los reproches a los meteorólogos, el desvío de culpas hacia otras administraciones o las apelaciones a la situación en otros países europeos ya no engañan a nadie.
La nieve y el frío, en los términos en que afectaron ayer a Madrid y otras zonas de España, son elementos perfectamente previsibles en pleno invierno, y los poderes públicos tienen que ser previsores para cumplir su obligación de servicio al interés general. Fomento no tiene defensa posible en casos como el de ayer, que no hacen sino reiterar la incapacidad de su titular para generar en la sociedad una confianza mínima, ni siquiera para coger el coche y salir a la carretera.
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