
Pero Alison Bechdel, autora de «Fun Home. Una familia tragicómica» (Reservoir Books, Mondadori), logró zafarse del disfraz más incómodo de todos cuantos se acumulan en el armario del día a día, el disfraz de la apariencia. Alison abrió el armario (vaya si lo hizo), pero lo hizo para salir de él y no volver a entrar en toda su vida. En él dejó multitud de recuerdos dolorosos y un cadáver, el de su padre, que fue incapaz de situarse al frente de su vida y vivirla, sin más, tal y como un buen día decidió hacer su hija.
Pero los irrefrenables gritos del seguidor (no sería extraño que se convirtiera en serie/película) de esta «familia tragicómica» se ven contenidos por la esperanza que transmite la narradora. Nacida en el seno de una familia de clase media estadounidense, Alison crece aturdida por el inexplicable comportamiento de su padre, encargado de una funeraria (¿alguien más ve aquí reminiscencias a la serie «A dos metros bajo tierra»?). Inexplicable en tanto que el señor Bechdel no limita su (valioso) tiempo libre al trato con los cadáveres, sino que como insigne profesor de inglés y coleccionista (algo más que) ocasional de antigüedades, también se relaciona con los jóvenes y apuestos chiquillos con los que (oportunamente) coincide.
Una tragedia gráfica, tan intensa como alguna de las griegas, pero al fin y al cabo con un final feliz. Si bien no es de buen gusto desvelar cómo acaban los cuentos, valga en esta ocasión decir que, lejos de seguir el (mal) ejemplo de su fallecido padre, Alison Bechdel asume su homosexualidad con la naturalidad que le aporta la experimentación, el verse reflejada en el espejo de la cotidianeidad sin miedo a descubrirse a sí misma (sea cual sea su orientación sexual).
Nominado al premio National Book Critics Circle de 2007, «Fun Home» debería convertirse en un cómic de referencia, por el bien de la narrativa gráfica española. Su sinceridad y el lugar que su autora reclama (con éxito) en el mundo así lo merecen.
