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Otros siete menores, de entre 9 y 11 años, y dos adultos, todos de un equipo de béisbol, resultaron heridos mientras entrenaban
No ha comenzado aún la temporada, sólo se entrenaban, pero al menos cuatro ellos ya no podrán jugar nunca más. El temporal de viento que azota desde ayer a casi toda España fue especialmente cruel en Cataluña, concretamente en el barrio de Camps Blancs de la localidad de Sant Boi de Llobregat (Barcelona). A media mañana, una ráfaga arrancó el techo de un pabellón deportivo anexo a un campo de béisbol y causó el derrumbe de sus paredes de hormigón. Los cascotes sepultaron a doce personas que estaban en la instalación cerrada precisamente por el fuerte viento que soplaba en la zona. Se trataba de 11 niños de entre 9 y 12 años del equipo infantil del Club de Béisbol de Sant Boi y un monitor adulto.
El resultado de la tragedia es aterrador: cuatro niños muertos, otros tres menores en la UCI aunque no se temía por su vida, y cuatro chiquillos más y el adulto ingresados en hospitales, fuera de peligro.
Otros seis niños resultaron ilesos al no estar dentro del pabellón deportivo, que se utiliza como túnel de bateo -para que practiquen los bateadores-, sino en otras instalaciones adyacentes, como el gimnasio. Paradójicamente, el fuerte viento fue el motivo de que el entrenamiento de los niños se hiciera a cubierto; lo que les «empujó» hacia el pabellón, a la postre una trampa mortal. Las víctimas no eran todas del barrio, ya que el club reúne a muchachos de toda la población y de localidades vecinas aficionados al béisbol.
El suceso, que arrancó a las once de la mañana con un espantoso estruendo -el techo del pabellón doblándose al viento y la paredes derrumbándose-, alertó a muchos vecinos, que acudieron al lugar para ayudar a rescatar a las víctimas de debajo de los cascotes. «Yo tengo tres hijos que juegan al béisbol en este equipo y mi hija estaba en las instalaciones cuando ha sucedido el desastre, pero ha resultado ilesa», explicaba, aún emocionado, Jordi Peláez, que fue uno de los que ayudó a desenterrar a las víctimas. Algunos de los salvadores improvisados estaban jugando a la petanca en un campo que hay al lado.
«Nos pusimos a mover los tochos de hormigón y las vigas derribadas, pero cuando retirabas los escombros hacia un lado, temías lastimar a alguien estuviera que pudiera sepultado en ese lugar», explicaba Jordi, quien recordaba el nombre de los muertos. «Sí, eran Joel, Eric, Mario»... Y lloraba.
Como suele ocurrir en estos casos, algunos vecinos afirmaron que los bomberos y el resto de servicios de emergencias tardaron demasiado en llegar al lugar de los hechos, pese a que el campo de béisbol está a lado de la comisaría de la Policía Local. Por contra, el alcalde de Sant Boi, Jaume Bosch, así como el consejero de Interior de la Generalitat, Joan Saura, que acudieron al poco al lugar de los hechos, desmintieron esta versión y afirmaron que se actuó «con mucha rapidez»; que a los tres minutos de recibir un aviso ya había llegado la Policía Municipal y a los quince los bomberos y las ambulancias.
«La verdad es que poco después de que estuviéramos buscando entre los escombros ya habían llegado los bomberos y los servicios médicos y nos hemos apartado para dejar trabajar a los profesionales», confirmaba Jordi Peláez.
En casos como el de ayer, no hay rapidez suficiente que consuele del dolor y hasta el mínimo tropiezo burocrático resulta imperdonable. Como la demora en llegar de un forense que tenía que asistir al levantamiento del cadáver de una de las pequeñas víctimas mortales. El retraso dejó demasiado tiempo a la vista de los periodistas y de los curiosos el cuerpo inocente, envuelto en una manta térmica ya inútil, del niño fallecido. Mientras, su padre, al lado, no podía pronunciar palabra y su madre, arrodillada ante su hijo, parecía no asumir que estaba muerto y aún le consolaba, acariciándolo, con un «te pondrás bien». «Cuando han llegado las ambulancias, un sanitario ha comprobado que ya estaba muerto y ha optado por dejarlo allí y priorizar el traslado de los heridos», explicaba un testigo. Decisiones difíciles que hay que tomar en segundos.
Después de que todas las víctimas fueran trasladadas a varios hospitales de la zona -el de comarcal de Sant Boi, el de Bellvitge y el de San Juan de Dios- o al tanatorio, los que se quedaban en el campo de béisbol -autoridades como el propio presidente de la Generalitat, José Montilla-, periodistas y vecinos dirigían sus miradas hacia el devastado escenario, un pabellón municipal construido hace unos 20 años, según explicó el alcalde, y de cuyo estado no se habían recibido quejas ni denuncias, como corroboraban los responsables del club de bésibol, como su presidente, Avelino Vázquez. ¿Era inevitable que saltara por los aires? ¿Estaba en mal estado?
¿Un tornado?
A propósito de esto, el alcalde de Sant Boi, Jaume Bosch, declaró en rueda de prensa que la instalación del campo de béisbol «estaba en perfecto estado» y aseguró que el problema se debió a «un viento huracanado excepcional», por lo que no descartó que se hubiera formado un tornado en el momento del accidente. Bosch presidió por la tarde un pleno excepcional del Ayuntamiento que decretó tres días de luto oficial como muestra de solidaridad con las familias de las víctimas.
El primer edil explicó posteriormente ante los periodistas que «ningún técnico municipal ni ningún usuario de la instalación había apuntado nunca deficiencias en las instalaciones» y destacó que era un equipamiento «relativamente nuevo y que fue remodelado con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992». Bosch señaló que «todo apunta a que ha sido un viento huracanado de más de 100 kilómetros por hora lo que provocó que el techo «se levantara», un techo que «no era de uralita corriente; estaba bien hecho (era metálico)».
En otro momento de su comparecencia, el alcalde destacó que han encargado «un estudio a los equipos técnicos para detallar que ha pasado esta mañana». Ese informe será clave en el posible horizonte judicial que ahora pueda abrirse.
Un barrio humilde
La fuerza excepcional del viento es la principal causa del accidente, abundó Bosch, «aunque testigos presenciales han explicado que minutos antes se ha levantado una gran polvareda y ha comenzado a soplar un fuerte viento, por lo que no descartamos que haya habido un pequeño tornado o huracán», añadió. Finalmente, el alcalde apuntó que el Ayuntamiento mantendrá activado el dispositivo de emergencia en la ciudad por fuerte viento, aunque añadió que había comenzado a remitir.
Camps Blancs es un barrio humilde de la periferia de Sant Boi de Llobregat, en los contornos del Área Metropolitana de Barcelona. Antiguamente se llamaba Cinco Cruces y lo conforman modestos bloques de pisos de protección oficial de más de veinte años, junto a nuevas promociones. El Gobierno tripartito de la Generalitat lo incluyó en la llamada Ley de Barrios, lo que le ha supuesto una inyección en forma de inversiones de unos 14 millones de euros.
«Es un barrio de buena gente, digan lo que digan», afirmaba Peláez, «y lo demuestra cómo todos se han volcado a ayudar a las víctimas después del accidente». Un barrio desolado. Arrasado por el viento.
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