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Domingo, 25-01-09
La vuelta a la armonía ecuménica entre todas las confesiones cristianas, que constituye una prioridad de Benedicto XVI, es un objetivo difícil, pero los pasos logrados en 2008 resultan muy positivos, según el balance realizado por el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. El cardenal Walter Kasper considera que «hemos dado muchos pasos adelante, sobre todo con los ortodoxos», que aceptan el principio del primado de Roma al cabo de casi un milenio.
A lo largo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que hoy clausura el Papa con una plegaria en la basílica de San Pablo Extramuros, el cardenal Kasper ha subrayado algunos pasos espectaculares en la mejora de relaciones con las Iglesias ortodoxas, pues «el Patriarca Ecuménico de Constantinopla ha estado tres veces en Roma a lo largo del año, y esto jamás había sucedido».
El pasado mes de octubre, el Patriarca Bartholomaios I intervino en el Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios, un acontecimiento sin precedentes desde el cisma del año 1054. Para dar mayor solemnidad al discurso del Patriarca Ecuménico, Benedicto XVI dispuso que tuviese lugar en la Capilla Sixtina, donde se celebra la elección de los Papas, en lugar del Aula del Sínodo. Fue un momento de gran emoción que terminó con un aplauso unánime al Patriarca de Constantinopla, considerado plenamente como un hermano en Roma.
Clima cordial
El cardenal Kasper recordó también que a lo largo del 2008 «hemos recibido a dos Patriarcas Armenios en un clima muy cordial», y que a su vez él mismo fue muy bien acogido por el Patriarca de Moscú, Alexey II el pasado mes de mayo. El Papa envió un cariñoso mensaje de condolencia a la Iglesia Ortodoxa rusa cuando falleció Alexey, y el Vaticano observa con gran interés la inminente elección del próximo Patriarca de Moscú.
El Vaticano ha mejorado también sus relaciones con la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, la más numerosa después de la de Rusia, dejando atrás la hostilidad que duró hasta el pasado mes de diciembre del 2007, en que el metropolita Volodymyr de Kiev recibió al cardenal Walter Kasper.
El diálogo ecuménico del Vaticano con ortodoxos, luteranos, anglicanos y evangélicos, ha dado especialmente buenos frutos en el entendimiento con las ortodoxos, que han aceptado el principio del primado de Roma y ahora estudian con la Santa Sede los contenidos de ese «servicio a la caridad» del sucesor de Pedro, sobre cuyo alcance hay todavía muchas diferencias.
Si el panorama en Oriente resulta prometedor, las perspectivas son desiguales en el dialogo con las comunidades cristianas de Occidente. Continua la mejora del entendimiento con la Federación Luterana Mundial, pero las relaciones con la Comunión Anglicana están en un extraño punto muerto a pesar de que sigue mejorando la cordialidad.
Si bien crece la estima mutua entre Londres y Roma, ambas partes están de acuerdo en que la ordenación de obispos anglicanos homosexuales supone no sólo un nuevo obstáculo de gran envergadura a la unidad de ambas Iglesias sino incluso un factor de división dentro de la propia Comunidad Anglicana, como ya se ha visto.
En todo caso, el cardenal Kasper subraya como enormemente significativo el hecho de haber sido invitado y de haber podido participar en la Conferencia de Lambeth, la asamblea que celebran cada diez años las iglesias de la Comunión Anglicana.
El diálogo con la Federación Luterana Mundial continúa siendo muy fluido, en parte por el respeto de la gran mayoría de los obispos luteranos alemanes a Benedicto XVI, quien además de ser un experto en Lutero le cita de vez en cuando en algunos documentos papales, contribuyendo a dejar atrás el clima de hostilidad.
En el «frente occidental», las líneas de diálogo incluyen encuentros periódicos con el Consejo Metodista y con la Alianza Mundial de las Iglesias Reformadas, y si bien no suele haber pasos extraordinarios, tampoco se puede hablar de estancamiento. Hace unos días, el obispo Brian Farrell lamentaba desde las páginas de «L'Osservatore Romano» que persistan «las dudas, veladas incluso de una cierta desconfianza...». No hay pasos espectaculares, pero hay cada vez más cordialidad.
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