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Domingo, 25-01-09
Termina hoy, fiesta de la Conversión del Apóstol San Pablo, el octavario de oración por la unidad de los cristianos, tan querida por Cristo y alentada por los Romanos Pontífices. Es voluntad de Dios que todos los creyentes seamos uno, pues donde está Cristo siempre hay unidad, mientras que la táctica del enemigo de Dios es crear división por medio de la mentira y de los pecados de los hombres.
Pero no basta con rezar por la unidad. Es necesario construir la unidad cada uno en el ámbito donde nos corresponde estar, es decir, en el propio corazón, en la familia, en la sociedad y sobre todo dentro de la misma Iglesia Católica, fundada por Cristo sobre el cimiento de los Apóstoles y confiada a la solicitud pastoral de San Pedro y sus sucesores, los Papas.
Hoy más que nunca debe brillar la unidad en la Iglesia, que es una y a la vez plural, pues ha sido y sigue siendo bendecida por el Espíritu Santo con multitud de carismas y caminos espirituales. Y para nosotros la diversidad es enriquecedora, siempre que se viva en espíritu de Comunión y fraternidad con los legítimos pastores, es decir, el Papa y los Obispos.
El problema surge cuando algunas personas, incluso algunos que se dicen creyentes, hacen una lectura sin visión sobrenatural de la vida de la Iglesia y le aplican esquemas ajenos a su propia identidad, como podría ser entender los actos que en ella se viven como medidas sociológicas que buscan más cuotas de poder, olvidando que sólo el servicio y la entrega a los demás es lo que importa en la Iglesia, y que nuestros pastores, los obispos, sólo buscan la gloria de Dios y el bien de las almas.
Todo lo que sea interpretar la Iglesia sin los parámetros evangélicos es desvirtuarla y favorecer la división, que es el objetivo de sus enemigos. Por eso hoy, afirmamos una vez más nuestro compromiso por rezar y construir una Iglesia viva, unida y profundamente evangelizadora, pues ésta es y ha sido la única razón de su existencia.
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