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El abogado jefe del proyecto Guantánamo confía en los europeos
Shayana Kadidal: «El reto es dónde enviar a los presos que temen por su vida»
Como abogado jefe del Proyecto Guantánamo del Centro para los Derechos Constitucionales (CCR por sus siglas en inglés), Shayana Kadidal es una de las voces más experimentadas para hablar del cierre de esa vergüenza nacional disfrazada de centro de detención en la isla de Cuba.
«Damos la bienvenida al principio del fin de una situación sin ley. Aunque la orden provee escasos detalles y permite demasiado tiempo para la clausura, es un buen comienzo», dice en un comunicado esta organización legal dedicada a la protección de los derechos garantizados en la Constitución de Estados Unidos, aplaudiendo la decisión de Barack Obama. Pero advierte: «La prioridad debe ser repatriar a los hombres que pueden volver a sus países sin temor a represalias y cuidar a los sesenta que podrían enfrentarse a una pena por tortura o persecución».
Para Kadidal, el gran reto del presidente será decidir dónde envía a esos sesenta hombres cuya vida está en peligro. «Esperamos que sean acogidos en países de la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos, cuyos gobiernos tradicionalmente han ofrecido protección humanitaria», afirma en declaraciones a este periódico.
Ahora bien, Obama lo tendrá muy difícil para conseguir que se queden en EE.UU.. «La constante propaganda negativa de la administración Bush se lo impedirá», opina. «Este país deberá cumplir con su parte, pero la mayoría de los detenidos tendrán que repartirse en Europa. Esperamos que acogiéndolos, el Viejo Continente no sólo nos ayude a cerrar Guantánamo de forma rápida y segura, sino que también se inaugure un nuevo capítulo en el que Estados Unidos regrese al multilateralismo».
Tercera opción
Otro problema en el texto firmado por el presidente es que deja la puerta abierta a otras posibilidades que no sean el juicio o la liberación. «Cualquier tercera opción», insiste Kadidal, «será sencillamente una manera de recrear Guantánamo».
Es decir, que Obama y su equipo no podrán utilizar el argumento de que «ciertos detenidos son demasiado peligrosos para ser liberados, pero no pueden ser juzgados».
Tanto para el CCR como para el resto de activistas sólo hay dos caminos: juicio o libertad. «Cualquier intento de continuar con los tribunales militares diseñados para lavar las evidencias conseguidas a través de la tortura podría ser uno de los grandes errores de Obama».
Además, añade Shayana Kadidal, «jugaría a favor de gente como Khalid Sheikh Mohammed, que sería visto como un legítimo guerrillero en la resistencia contra América, en lugar de como un criminal asesino».
¿Más posibles fallos? «Crear un sistema especial -algo así como tribunales de seguridad nacional- fuera del sistema ordinario de justicia para juzgar a los pocos detenidos que serán acusados de terrorismo».
El proceso criminal ordinario «es adecuado para juzgarlos, como se demostró en 1993 tras las bombas contra las Torres Gemelas o en 1998 contra las embajadas de EE.UU. en Tanzania y Kenia», concluye el abogado del Centro para los Derechos Constitucionales.
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