Es la personalidad más respetada, la única indiscutida en un país que se cuestiona a sí mismo. Representa a aquella Bélgica de años atrás que aún era rica y jovial, un país optimista que muchos añoran
Fabiola, la Reina más querida de los belgas
Actualizado Domingo, 25-01-09 a las 08:20
Dicen que si le preguntasen a muchos belgas cuál es la figura más emblemática del país, dudarían entre el «Maneken Pis» y la Reina Fabiola, la viuda del Rey Balduino. Cumplirá los ochenta y un años el próximo 11 de junio, cada vez más cargada por los achaques, pero si hay un termómetro que pueda servir para medir la simpatía que despierta en este pequeño reino, ahí está la monumental cantidad de flores y velas que como cariñoso homenaje la han acompañado durante su discreta estancia hospitalaria. A la vista de los sentimientos expresados aquí durante estos días, se comprende que, después de casi medio siglo, en Bélgica nadie vea a Fabiola como extranjera.
No hace mucho, en uno de los programas mas populares de la televisión belga en francés, «Place Royal» (Plaza Real) aparecía la Reina Fabiola durante una visita a una residencia de ancianos, donde los clamorosos gritos de un par de viejos emigrantes asturianos se hacían oír muy por encima del murmullo discreto de los belgas: «¡Ah! Estos españoles siempre tan ruidosos», se le escuchó decir a Fabiola, naturalmente en francés. Un comentario muy «europeo» sobre nuestros compatriotas.
Cuando llegó a Bélgica para casarse con el Rey triste y solitario que era entonces Balduino, el país la recibió con uno de sus típicos días de lluvia, especialidad de la casa; tal vez por ello, para no achicarse, desde el primer momento decidió que no sería una Reina extranjera. Y lo ha cumplido.
Tanto ella como su esposo han compartido convicciones religiosas muy profundas. Del Rey Balduino se dijo incluso que hubiese preferido ser sacerdote antes que Monarca. Y a ella lo que le acabó de convencer para aceptar a Balduino como prometido fue la oportuna intervención de una monja irlandesa enviada por un cardenal belga, que la persuadió en el último momento.
Desde que se quedó viuda el 31 de julio de 1993, la Reina dice vivir en un período transitorio... a la espera de su futuro reencuentro con Balduino. Un Rey triste que no quería serlo, traumatizado por la muerte de su madre y por la abdicación de su padre, casado con una aristócrata que en principio no pensaba ligarse a este pequeño reino, tan complejo y en cierto modo extraño. Pero el caso es que, finalmente, Balduino y Fabiola han formado una pareja que ha quedado grabada de forma indeleble en la memoria de los belgas.
Durante treinta y cinco años, los dos vivieron momentos extremadamente tensos. Tuvieron que interrumpir su viaje de bodas para hacer frente a una de las sempiternas crisis políticas. El drama del Congo y las eternas tensiones entre flamencos neerlandófonos y valones francófonos marcaron su reinado. Por no hablar de los terribles momentos en los que su marido prefirió abdicar durante dos días para no tener que sancionar la ley de despenalización del aborto.
Recuerdo perenne de Balduino
En los medios monárquicos belgas se cree que, puesto que Fabiola no pudo dar un heredero al Trono —tuvo tres embarazos frustrados—, al menos ha querido utilizar toda su influencia para contribuir a mantener vivo el recuerdo de Balduino, tal vez el último Monarca indiscutido y querido.
Hoy en día, los ataques a Alberto II y, sobre todo, al heredero Felipe, son ya una práctica corriente en los medios de comunicación, más en Flandes que en la región valona, pero en ambos lados de la frontera lingüística con una creciente hostilidad. Un diputado flamenco, Jan Jambon, cuyas pasiones republicanas no son desconocidas para nadie, ha pedido en los últimos meses que se anule la asignación oficial destinada a la Reina Fabiola y a todos los demás miembros de la Familia Real, con la única excepción del Rey y el Príncipe heredero. En su peculiar cruzada, Jambon ha obligado también a desvelar los gastos de la Familia Real, de los que Fabiola tiene asignados tres millones de euros al año.
Todos los hijos del Rey Alberto, excepto el Heredero, son motivo de críticas permanentes por el dinero que cuestan al Estado, en especial el polémico Príncipe Lorenz, un amante de las sensaciones fuertes y de la buena vida a quien un oficial de la Marina le tuvo que salvar in extremis y evitar que tuviera que cargar con la acusación de haber utilizado el presupuesto militar para hacer frente a los gastos de una reforma de su casa. En contraste con toda esta turbulenta ola de acusaciones, en cambio, no se escucha una crítica al digno papel institucional desempeñado por Fabiola, y ni mucho menos por el uso hecho de sus asignaciones.
Las especulaciones sobre las tentaciones de abdicar de Alberto II están en las portadas de diarios y revistas cada cierto tiempo, eventualidad ante la que hasta ahora Fabiola siempre se ha mostrado contraria. Al fin y al cabo, ella dio su visto bueno a su acceso al Trono como sucesor de su hermano Balduino, ocasión en que por vez primera en la corta historia de la Monarquía belga la transición no se hizo de padre a hijo. Probablemente, de no haber fallecido tan joven, Balduino habría preferido que accediese al Trono su sobrino y actual Príncipe heredero. Sin embargo, la voz de Fabiola en aquellos dramáticos momentos, con el cadáver del Rey en la finca de vacaciones de Motril, tuvo un peso determinante en el devenir del país. Ella es hoy no la Reina de los Belgas, que es el tratamiento oficial que suele recibir el Monarca reinante, sino la primera «Reina de Bélgica», como si hubiera adoptado el nombre de su país de adopción por delante del apellido De Mora y Aragón. Sin olvidar sus orígenes españoles, pues siempre ha seguido muy vinculada con nuestro país que tantas veces ha visitado, Fabiola se ha convertido en una belga muchísimo más belga que buena parte de flamencos y valones a quienes cada vez les cuesta más reconocerse como ciudadanos de un país llamado Bélgica y cuyo Estado apenas se sostiene por la Monarquía, las instituciones europeas y la capitalidad de Bruselas.
Poco aficionada a los fastos
Vive Fabiola en la residencia real de Laeken. Tiene un confesor y un consejero espiritual en quienes siempre ha confiado. Y nunca ha mostrado tener ninguna ambición especial por los fastos que se le suponen a una vida de Reina. Henri Leysen, joyero, cuarta generación de joyeros, suministrador oficial de la Casa Real belga, recuerda en sus memorias que durante el reinado de Balduino «lo que más hicimos fueron diversos trabajos para regalar con ocasión de las visitas de Estado. La Reina Fabiola no pidió jamás encargos extraordinarios».
Las grandes y clásicas joyas del patrimonio familiar, las tiene ahora la Reina Paola, la esposa de Alberto II, italiana de origen. Curiosamente, la próxima Reina, Matilde, la esposa del Heredero, será en su momento la primera de origen belga. Cuentan que, desde que Matilde pasó a formar parte de la Familia Real, Fabiola ha sido su mejor apoyo, y que es muy probable que, llegado el momento, quiera tomarla como modelo.
Durante toda su vida no ha cambiado su personal estilo de vestir, peinar y saber estar. Es verdad que ya se había hecho un retoque en la nariz antes de casarse, pero aparte de ese pequeño gesto de coquetería, hace más de medio siglo que usa el mismo peinado, melena corta con las puntas hacia arriba. Willi Masaert fue el primer peluquero qua le peinó en Bélgica el 7 de febrero de 1959. Lo hizo con ocasión del anuncio de noviazgo. Y durante muchos años Willi Masaert ha seguido siendo el único peluquero de la Reina, fiel siempre a su personalidad y estilo. Hace poco Masaert aún se acordaba, en una entrevista en la radio, de la emoción que sintió en aquellos momentos. Fabiola no ha logrado poner de moda su tocado ni a su peluquero, pero al menos ella sigue siendo leal a su estética inconfundible, puede que cada vez más disminuida por los achaques, pero siempre presente en las fotos oficiales de la Familia Real.
Todavía una muchacha
Recientemente ha aparecido una nueva biografía de la Reina, «Fabiola, una muchacha de ochenta años» en la que, siempre con la prudencia requerida en una obra sobre los miembros de la familia reinante, se descubren nuevos e insólitos rincones de su personalidad. En el libro, la periodista flamenca Brigitte Balfoort describe a una abuelita entrañable, muy activa, que disfruta entreteniendo a sus familiares y amigos con la conversación en cualquiera de las varias lenguas que domina, entre las que se cuentan el español, el francés, el neerlandés, el inglés o el italiano. Sin olvidarse de reseñar la afición de Fabiola por la música, su vocación y, tras sus funciones institucionales, su más entusiasta dedicación.
Fabiola dispone de un «Gabinete de Asuntos Sociales de la Reina», que recoge las peticiones de ayuda que le envían desde todo el país. Tareas junto a las que siempre ha encontrado tiempo para entregarse con gran placer al concurso «Reina Elisabet», competición musical que lleva el nombre de la malograda madre de Balduino. Cada año Fabiola preside las interminables sesiones de ejecuciones minuciosas de pianistas venidos de todo el mundo en busca de uno de los galardones mas importantes del género. Su figura en el palco se ha convertido ya en uno de los emblemas del concurso.
El mes pasado se sometió a una operación poco importante de tiroides, en la que se utilizó la hipnosis como método de anestesia, una fórmula que pareció menos agresiva para una enferma de ochenta años. Según la prensa belga, los médicos creen que durante esa estancia en el hospital pudo contraer una bronco-neumonía que obligó a ingresarla en la unidad de cuidados intensivos del hospital San Jean de Bruselas. Después de unos días en los que la situación fue definida por la Casa Real como «grave», los últimos comunicados aseguran que la Reina Fabiola «mejora». El Rey Alberto fue el primero en acudir al hospital, solo y sin ningún dispositivo especial, la señal más positiva hasta ahora, puesto que demuestra que la Reina ya puede tener contactos normales, y, según la Casa Real, puede hablar y atender normalmente a una visita. Y, como mejor símbolo de su personalidad, se ha sabido que ha ordenado que la mayor parte de las flores que le envían desde todo el país, y que no pueden entrar en la sala de cuidados intensivos, se distribuyan por todas las plantas del hospital.
En los últimos días, la escasa información sobre el estado de salud de Fabiola ha dado lugar a todo tipo de rumores. La cadena de televisión flamenca VRT anunció el miércoles el fallecimiento de la Reina, lo que desencadenó inmediatamente una reacción en cadena de sitios de internet y emisoras de radio. Fabiola es para la mayoría de los belgas lo único que queda de aquellos años felices en los que Bélgica era todavía un país rico y jovial en el que todo parecía posible. No es de extrañar que su estado de salud y su futura desaparición atraiga tanta atención por parte de sus súbditos. Ella representa una época desaparecida, más dichosa que la actual.

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