
Domingo, 25-01-09
He sido cofundador de centros de enseñanza publica y no puedo callarme ante lo que, a todas luces, parece ser una consigna errática y antisocial. Ayer sábado lo destacaba ABC junto al drama del desempleo en la Región: «Educación anuncia el cierre del primer instituto público de Valladolid». Dudo mucho que el Ejecutivo de Herrera, sensible como pocos a cualquier reivindicación educativa, y opuesto como ninguno a cualquier medida que huela a componenda ideológica, avale ahora una iniciativa, que pilota la Inspección de Enseñanzas Medias de Valladolid con una absoluta falta de tacto. Efectivamente, el pasado martes, a la hora exacta en la que se iniciaba la era Obama, se convocó en el Instituto de Santa Teresa de Valladolid un Consejo Escolar, con carácter de urgencia, con una finalidad macabra: que padres y alumnos se suicidaran. Es decir, que unos y otros dieran por bueno el cierre de la actividad escolar del instituto -eutanasia asistida- que la Inspección quiere imponer.
Y allí estaban todos con cara de póquer, y haciéndose de nuevas: dos inspectores, sindicatos, directivos, profesores, padres y alumnos. La Inspección, gesticulante y prepotente, puso sobre la mesa lo que lleva haciendo años ha -la asfixia del Centro con impunidad ladina- con una radical propuesta: cerrar ya, a garrote vil como en tiempos de Franco, o cerrar en cortos plazos. Sólo los padres y los alumnos, ante la vergonzosa bajada de pantalones de la docencia pasota, les mandaron en bloque con educación y metáfora resuelta, a la mismísima mierda, y les dijeron, lógicamente, que no.
Padres y alumnos argumentaron de un modo tan coherente e irrefutable que la Inspección soberana acabó por tragarse el marrón y echar balones fuera. No se puede decir a unos padres, con cursos en marcha, como si fuera un ERE cualquiera, que alegremente se cierra un centro público. Tampoco puede sostenerse que el cierre de un centro público es racional cuando en la misma calle, en la mismísima, hay otros dos institutos masificados, y al lado, justo al lado, otro mucho más que los anteriores. ¿Es que la Inspección está sólo para planificar el hacinamiento y castración de colmenas? Y claro, cuando durante años, como allí se dijo, se ha guardado un silencio cómplice sobre la escasez de matrícula y sobre la calidad de enseñanza de un centro, el bulo estadístico y la falsificación de valores acaban haciendo mella. Total, que puesta la trama al descubierto, los funcionarios de la pesquisa educativa les dijeron, más o menos, a padres y alumnos que ellos, los pobres, no entendían nada, y que si un centro se hundía la culpa, a la postre, era de los profesores. Como suena.
Algo, esto último, que los alumnos desmintieron con valentía y vehemencia, al considerar que tienen los mejores profesores del mundo, el mejor centro de Valladolid y la enseñanza más personalizada de toda la Comunidad. Y para demostrarlo sin complejos, y en uso de su derecho legítimo, se manifestarán el próximo jueves. ¿Cuál será el siguiente criterio objetivo de la Inspección? ¿Cerrar también el Antonio Tovar y el Leopoldo Cano que tienen idénticas características que el de Santa Teresa? La política educativa es algo más serio y delicado que todo esto, y no puede estar nunca en manos de funcionarios con antiparras.

