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Viernes, 23-01-09
POR C. DE LA HOZ
MADRID. En pleno fragor por el caso de la supuesta red de espionaje en la Comunidad de Madrid, Mariano Rajoy optó a eso de las once de la mañana por tomarse un respiro y reunirse con monseñor Cañizares, con quien mantiene buenas relaciones y está de ronda de despedida antes de asumir su cargo en el Vaticano como prefecto para el Culto Divino y los Sacramentos.
Después de lo divino, lo humano, y Génova decidió abandonar su mutismo de los tres últimos días después de observar que las informaciones sobre dicha trama, lejos de arreciar, cada vez implicaban a más personas, entre ellas, al responsable del PP en el Exterior y ex consejero de la Comununidad de Madrid, Alfredo Prada, quien parece haber sido también víctima de seguimientos de cuerpos parapoliciales, pero al que otras informaciones querían implicar en la trama.
Y a partir de ese momento Génova fue un hervidero de llamadas en las que participaron los máximos dirigentes del partido como Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal o Javier Arenas, por parte de Génova, además de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
«A criterio del presidente»
Rajoy había decidido tomar cartas en el asunto por entender que era necesario «fijar una posición clara», según señaló a sus más estrechos colaboradores. Tras consultar con una serie de dirigentes del partido, dio instrucciones para redactar un comunicado que se elaboró conforme «al criterio general del presidente», del que se deja constancia en el redactado del texto.
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