Valoración:
Miércoles, 21-01-09
A partir del 20 de enero el presidente Obama tiene que enfrentarse a una doble y muy difícil tarea. Por un lado, tratar de construir una América mejor; por otro, contribuir a un mundo más estable, más seguro y más justo. Soy consciente de los obstáculos que encontrará tanto en la esfera interna como en la internacional pero hay motivos para confiar en que los pueda superar.
Primero, por su capacidad de ilusionar, patente desde el inicio de su campaña, su fe en el cambio y en el progreso. Segundo, por el gran apoyo del pueblo norteamericano. Tercero, por el apoyo de una abrumadora mayoría de los países del mundo, tanto de sus Gobiernos como de sus pueblos. Y cuarto, por la espectacular mejora en la imagen de EE.UU. producida por los resultados del 4 de noviembre.
Es lógico esperar que el trabajo de la nueva Administración comience en casa. Tendrá que abordar con coraje la agenda interna para reconstruir una América sólida y segura de sí misma, imprescindible para ejercer un liderazgo realista. Vemos a un presidente dispuesto a combatir una crisis económico-social grave, sin complejos en la utilización de las palancas imprescindibles del Estado y con la justicia social como guía. La agenda internacional, por otra parte, no deja margen para dilaciones. Obama y su equipo deberán abordar las numerosas crisis que agobian a la sociedad internacional, algunas de ellas inexorablemente solapadas.
Para afrontarlas, no podemos trabajar por separado. Pero afortunadamente el unilateralismo va a quedar atrás. Pudo resultar tentador en un mundo de predominio unipolar y hegemónico. Un contexto internacional de carácter crecientemente multipolar exige el recurso al multilateralismo, la concertación, el diálogo.
Sobre esa base, Estados Unidos puede seguir contando con Europa y con España para lograr una sociedad internacional más justa y con una riqueza mejor distribuida, y para superar los trágicos conflictos que, como los que se abaten sobre Oriente Próximo, desestabilizan la sociedad internacional y son una tragedia para millones de individuos. Combatiremos juntos los perniciosos efectos del cambio climático. Los derechos humanos y las libertades tendrán en nosotros los más decididos defensores. Basaremos la expansión de la democracia en la legitimidad del ejemplo, no en la fuerza.
A partir del día 20 esos objetivos comenzarán a convertirse en hechos. Habrá obstáculos y sobresaltos, pero con un idealismo renovado y fe en la capacidad de cambio, ambos patrimonio de las fuerzas del progreso, iremos avanzando.
En definitiva, como dijo Ernesto Sábato, «cuando uno no anhela combatir más contra los molinos algo irremediable se apodera del alma del hombre ».
Ministro
de Asuntos
Exteriores
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...