Miércoles, 21-01-09
Ansiedad y fervor. Ansiedad y fervor compartidos, en superación de profundas quiebras tradicionales, por el pueblo americano. Ansiedad y fervor por contagio de millones de hombres y mujeres más allá de aquellas fronteras en un mundo que por unas horas dejó de ser ancho y ajeno.
Ansiedad ante la complejidad de la crisis global del paradigma económico tenido por imbatible, el vuelco geoestratégico de poder resultante de la emergencia china, y las nuevas amenazas frente a las que un ejército gigantesco y tecnológicamente sobresaliente ha demostrado su inadecuación.
Fervor inspirado por el 44 presidente de los Estados Unidos que hoy, más allá de un partido, cuenta con un movimiento -seguidores que comulgan, más que afines que comparten-. Huida de la racionalidad por parte de una sociedad desorientada por el derrumbe de certezas tanto individuales cuanto colectivas.
Ansiedad y fervor que encierran el mayor reto que el despacho oval simboliza para Barack Obama: evitar desilusionar, defraudar, que cunda el sentimiento de frustración, de traición incluso, entre quienes han coreado hasta la extenuación el «yes we can» -sí podemos-, mantra vacío de sentido racional, pero que aquieta miedos, ahuyenta fantasmas.
No lo tiene fácil el presidente Obama. Sin embargo, quien hoy arrasa desde el carisma, e indudablemente ha demostrado un don extraordinario para interiorizar los veneros más profundos del pueblo americano, ha cimentado su victoria sobre la racionalidad aplastante, desde la organización y estrategia de la campaña, a la coherencia de sus mensajes. Y, ya presidente electo, ha sorprendido a muchos por el pragmatismo que traducen sus principales nombramientos.
Barack Obama es desde ayer presidente de los Estados Unidos. Empieza una nueva etapa de las relaciones transatlánticas que Europa -España en particular- tiene una responsabilidad histórica de potenciar en aras de un mundo mejor.

