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«Hacemos una carrera de fondo injusta»
Isabel, junto a una fotografía de sus dos hijos, en su pequeño despacho de Madrid
Lunes, 19-01-09
Isabel no lo ha tenido nada fácil para disfrutar de su maternidad, por lo menos en los primeros momentos de la llegada de sus hijos. Abogada de un pequeño despacho en Madrid y madre de dos niños (de tres y un año), nunca tuvo la oportunidad de agotar la totalidad de su baja maternal. A los pocos días del primer parto con cesárea ya estaba «enganchada» a su portátil y a internet, «mecanismos -dice ella- que son en el fondo una trampa, porque estás todo el día trabajando».
Al mes de dar a luz, tanto con su primera hija como con su segundo hijo, se reincorporó físicamente a su puesto en el despacho. «Nadie me obligó, pero no tenía más remedio. A los cinco días de nacer mi hija tenía que ir a un juicio que cubrió otra compañera, pero el día a día es peor. Hay vencimientos, plazos, señalamientos, recursos, los procesos no se detienen, las llamadas de los clientes... La maquinaria sigue rodando estés o no».
Isabel como miles de abogados trabaja por cuenta propia, pero no está acogida al Régimen General de los Trabajadores Autónomos, sino a una mutualidad de su colegio de abogados. «La mutua me pagó entonces unos 900 euros. Ahora creo que paga 2.000 euros por las 16 semanas de maternidad, es una siniestralidad laboral tasada con ese dinero. Con esa cantidad hay que vivir y afrontar los gastos del despacho: alquiler, colegiación,...».
Isabel se apoyo en la familia, «en las abuelas», comenta, para el cuidado de sus hijos, pero también tuvo que contratar a una persona que echara una mano. «Eso supone dificultades económicas, porque es un dineral al mes».
Tirar la toalla
Con su segundo hijo, aprendió la lección. «No me incorporé al cien por cien. Iba al despacho por las mañanas y alguna tarde. Es importante ser organizada, por ejemplo me comprimía todas las visitas de los clientes en un día. Siempre he tratado de conciliar, pero es un esfuerzo añadido al trabajo. Hacemos una carrera de fondo injusta». Por eso, a esta abogada no le extraña que cada vez haya más mujeres que tiran la toalla. «¡Cómo no vas a tirar la toalla en esta carrera de obstáculos! No ganas mucho dinero y tienes que contratar a alguien que te cuide a los niños. Al final, no compensa».
Y en toda esa lucha siempre hay altibajos. El sentimiento de culpa surge cuando menos se espera ante el temor de no estar a la altura. «Sobre todo cuando la cuenta de resultados no es buena. Hay trimestres malos que me han hecho sentirme mal en el trabajo. Si a eso añades que tus hijos están en casa sin su madre...».
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