La esposa del cineasta, Eleanor, revela en «Notas sobre una vida», anécdotas sobre los rodajes así como la vida familiar junto al director

El mítico director Francis Ford Coppola /ABC
Lunes, 19-01-09
Ella es la mujer que llama, con más confianza que nadie, simplemente Francis al gran Coppola. Es su esposa, es Eleanor, Ellie para familiares y amigos. En «Notas sobre una vida» (Circe) ha recogido páginas de sus diarios desde 1986 hasta 2005. En pocos textos de mujeres queda más patente su lucha para abordar las tareas que un hogar supone y sus deseos por dedicarse a la creación artística. No, no pretende en su planteamiento que la queja domine su escritura, quizás se deba al hecho de que el lector se encuentra frente a unos escritos pasados por la cotidianidad que alían a la perfección el sentimiento profundo de lo más íntimo al amor que profesa a su marido e hijos.
El matrimonio tuvo tres: Giancarlo, Roman y Sofía. El primero murió en un accidente en 1986, con sólo 22 años; el segundo y la tercera se sintieron atraídos por el septimo arte. También Ellie, de hecho realizó el premiado documental «Hearts of Darkness» sobre el rodaje de «Apocalypse now». Si algo la alegró tras este éxito fue experimentar que por vez primera dejó de ser «la mujer de Francis». Con el tiempo llegaron otros documentales, entre ellos, los que dedicó a «Las vírgenes suicidas» y a «María Antonieta», dirigidas por Sofía.
Eleanor y Francis
Ellie disfruta con su trabajo cinematográfico y en bastantes ocasiones se queja de que tenga que emplear tiempo en comprar fregonas, bolsas de basura o champú, «envidiando» a su marido que puede «entregarse totalmente a sus proyectos», mientras ella se ocupa de «pequeñas tareas» que le impiden gustar más del arte en toda su plenitud. Una situación que, confiesa, la hace experimentar oleadas de depresión.
Eleanor y Francis se conocieron en el rodaje de «Demencia 13» donde ella, como diseñadora por cuenta propia era ayudante del director artístico. Se atrevió a pensar que comenzaría una colaboración con Coppola, pero «en lugar de eso empezamos a tener hijos». Se quedó embaraza de Gio y como cualquier madre soltera barajó varias posibilidades, por ejemplo tenerlo y darlo en adopción. Francis la sacó de dudas y con alegría le dijo: «Siempre he querido tener una familia». Y hubo boda.Ella tenía 26 años.
Cuenta que el matrimonio era tan importante en aquel tiempo que pensó que sería «inmediatamente feliz». Al no experimentar lo que se consideraba normal, visitó a psicólogos y psiquiatras. El diagnóstico fue: «Usted es una mujer creativa, sino desarrolla esa faceta se deprimirá».
La cuestión es que Ellie está tan orgullosa de su familia que ni se le ocurre pensar en el divorcio y se conforma con crear en su casa una habitación octogonal para tener un espacio para la soledad. Esa parcela que todo ser necesita no por orgullo o vanidad sino para dedicarlo a sí mismo, una decisión bastante sana.
Ellie viajó por medio mundo con su marido y si bien llegaron a poder vivir con despreocupación por el dinero, no es menos cierto que tras el filme «Corazonada» y la compra, allá por los ochenta, de Hollywood General Studios contrajeron grandes deudas que a principios de los noventa pudieron ir liquidando en parte. Como «mujer de Coppola» tenía que asistir a numerosas fiestas,ya que todos querían tener en casa al gran director. Ellie evoca una en casa de Joan Collins en la que a las tres de la mañana todos los participantes, desde luego ella no, se bañaban desnudos en la piscina.
«Sofía, sorpréndelos»
Tampoco faltan en los diarios anotaciones de índole diversa. Sobre «El padrino» relata que no fue bien acogida la elección de Sofía Coppola como Mary, hija de Michael Corleone (Al Pacino). Los productores no deseaban cambiar el guión según el cual Michael moría poniendo fin a la genial película. Pero el director decidió que fuera Mary Corleone la que muriese, porque más terrible que una muerte rápida es vivir con el dolor que tu existencia ha causado. En fin, el caso es que la mujer que se confiesa en su diario muestra en él que sus emociones están inextricablemente unidas a su familia.
A Sofía, por ejemplo, cuando decidió dirigir le aconsejó: «Todos esperan que seas una niña malcriada. Por favor, sorpréndelos». Seguro que le obedeció, porque el Oscar llamó a su puerta. La muerte de su hijo marcó para siempre a Eleanor, pero a pesar de ese dolor intenso y de su lucha consigo misma puede decir al contemplar su vida que sonríe con calma al pensar en ella.Toda ella.



