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Domingo, 18-01-09
2008 fue el año de la confirmación de la crisis de la construcción residencial. Hasta el tercer trimestre del año las viviendas iniciadas en España han sido unas 211.000, y la evolución del último trimestre habla de que apenas se sobrepasarán las 250.000 viviendas nuevas en todo el año. Son datos oficiales de los Colegios de Arquitectos españoles, y que muestran la escalofriante evolución de la actividad constructora: 915.068 viviendas se iniciaron en 2006 y 603.312 en 2007. 2008 cerrará con 250.000 -que supone una actividad casi cuatro veces menor en apenas dos años- y para 2009 nadie sabe lo que nos espera, aunque se prevén entre 150.000 y 200.000 viviendas iniciadas, una cifra similar a la de 1988, cuando España tenía diez millones de habitantes menos. Y es que, ¿quién se va a atrever a pedir una licencia de obra con la que está cayendo?
Ante este negro panorama, los sectores que durante tantos años han ido montados en el carro de la construcción de viviendas, los «amigos del ladrillo», tendrán que aprender a volar solos. Y estamos hablando de un «macrosector» -la construcción y sus actividades complementarias- que facturó en 2007 unos 210.000 millones de euros (casi el 20% del PIB), cuyo desmoronamiento todo el mundo preveía pero que nadie (especialmente el Gobierno y otras administraciones) ha remediado.
Para algunas de estas actividades, las que creen productos de mayor valor añadido, la caída será dura pero podrán amortiguarla. Otras, sin embargo, dependen casi al 100% de la construcción residencial, y necesitaran ayuda pública para asegurar su supervivencia durante este año.
Dentro del primer caso encontramos sobre todo dos industrias: la cerámica y el cemento. En el caso de la industria cerámica (3.800 millones de facturación en 2008), ésta es una de las más exportadoras del país, ya que de su facturación total, 2.300 millones corresponden a ventas en el exterior. Pedro Riaza, secretario general de la patronal azulejera Ascer, comenta que «una de cada cuatro baldosas que cruza una frontera en el mundo es española, y es por ello que el sector exterior significará este año un 60% del total».
El «cluster» de Castellón en el que se encuentran estas compañías es líder en el mundo, y seguirá siéndolo a pesar de la crisis. Sin embargo, el parón del mercado interior le ha perjudicado mucho y le ha hecho perder en 2008 un 10% de sus 23.000 empleos.
La industria cementera
En peor situación que los azulejeros pero mejor que otros sectores arranca 2009, en principio, la industria cementera. Esta actividad ha tenido un inusitado poder en los últimos años en España, que lideraba el consumo de cemento per cápita en el mundo, hasta el punto de que la producción nacional no era suficiente para abastecer al hambriento mercado, y hacía falta importar.
Pero este año, el consumo de cemento caerá a niveles de 1999 y la estrategia del sector para evitar el descalabro «además de aquilatar los costes y apostar por la calidad», es «ajustar la importación e incrementar la exportación», asegura Aniceto Zaragoza, secretario general de la patronal cementera Oficemen.
Los más débiles
Respecto a los que más pueden sufrir la caída constructora, sin duda las actividades no industriales, que tienen poco margen de mejora en la batalla de aportar más valor añadido, son las que peor lo van a pasar. Por ello piden ayudas al Gobierno, sobre todo para que asegure que las compras que se hagan en el sector vayan a pagarse y para que provea a las empresas de liquidez. Piden urgentemente una ley de pronto pago como la que se ha hecho en Francia, que asegure que todos los pagos se hagan en su plazo fijado.
Su margen de maniobra es limitado, y se centra en «reestructurar los centros más ineficaces y antiguos o hacer fusiones», dice Rafael Fernández, presidente de la confederación de asociaciones de productos de construcción Cepco, cuyas empresas tienen unos 500.000 empleados.
Por su parte, Sebastián Molinero, director de la asociación de distribuidores Andimac, ve claro el problema aunque sabe que la solución es presenta difícil: «es necesario cambiar el modelo de demanda y tender hacia un modelo europeo, donde el precio de la reforma sea superior a la obra nueva». «No se puede abandonar a su suerte a un sector tan decisivo en nuestra economía», concluye.
Salidas ante la crisis
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