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Publicado Sábado, 17-01-09 a las 06:04
La dictadura cubana es una de las grandes asignaturas pendientes de la plena democratización de la izquierda española, la que inició cuando abandonó el marxismo. Uno rasca un poco por ese lado y saltan inmediatamente las querencias comunistas y las simpatías castristas. La suerte de la izquierda es que casi nadie se pone a rascar pues el personal está habitualmente ocupado buscando las conexiones de la derecha con el franquismo.
Aún peor, esas simpatías castristas han tenido notable éxito en fijar en la opinión pública española una imagen de la oposición anticastrista de Miami muy parecida a la fabricada por la propia dictadura. Probablemente, éste es el exilio más insultado del mundo. Maltratado e injuriado por la izquierda europea, especialmente la nuestra, por combatir el comunismo desde un perverso bastión capitalista del imperio americano. Lo más suave que les llaman desde aquí a los anticastristas de Miami es extrema derecha, locos y exaltados. Y algunos se apuntan también a los adjetivos preferidos de la dictadura, terroristas, violentos y mafiosos. Es lo que tiene ser un exiliado del comunismo, que el culpable eres tú y no el dictador.
De ahí que la pregunta más pertinente sobre las descalificaciones de la dictadura cubana contra Esperanza Aguirre, «la jefa de la mafia de Miami», sea la de su recepción en la izquierda española. Los insultos de la dictadura entran, al fin y al cabo, dentro de la «normalidad autoritaria». Los tiranos persiguen y encarcelan a los que se les resisten en la isla e insultan a los que se les oponen en el exterior. Lo que no entra dentro de la normalidad democrática es la comprensión que esos insultos reciben con toda seguridad en algunos sectores de la política española
La timorata e inane llamada, supuestamente de protesta, de Exteriores al embajador cubano se explica en ese contexto. En el ideológico, no en el diplomático. Lo mismo que la colaboración de nuestro Gobierno con la dictadura cubana. Se trata de lo que hay detrás del rascado. Profundo rechazo y aversión hacia los exiliados de Miami y bondadosa e infinita comprensión hacia el régimen.
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