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Sábado, 17-01-09
Hillary entró de la mano de Bill en la Casa Blanca en 1993, pero muchos cargos le estaban vedados por ley al tratarse de su esposa. El presidente le encomendó la reforma de la Sanidad. Para dejar claro cuánto mandaba Hillary abrió despacho en el Ala Oeste, algo que ninguna primera dama había hecho. Se puso al frente de las relaciones con la prensa; fue como rociar con napalm su imagen.
Los Clinton ignoraban una ley fundamental: es peligroso depositar demasiado poder visible en alguien a quien no se puede echar del gobierno. Tras sus fracasos iniciales, Hillary se pasó medio clintonismo deshaciéndose de la imagen de mando que en la otra mitad había acumulado. Sólo el caso Lewinsky le devolvió la autoridad moral.
Irónicamente ser la pareja política de Obama puede depararle más poder, y más normal, del que ser la mujer de Clinton le deparó nunca. Sobre todo si Michelle Obama aprende a esconder su influencia en lugar de alardear de ella: ha dicho que sólo aspira a ser «mom-in-chief», madre de familia en jefe.
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