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Sábado, 17-01-09
ÀLEX GUBERN
BARCELONA. -¿Cómo valoran la actitud del conseller Joan Saura en relación al conflicto en Gaza?
-Es obvio que el conseller tiene una responsabilidad política más allá de la que tiene en su partido. Por tanto, su presencia en la manifestación anti israelí del pasado sábado, por ejemplo, no la entendemos. Una decisión así no se toma a la ligera, por lo que entendemos que prefiere anteponer sus intereses en ICV, quizás rentables en cuanto a votos para él, a su papel como representante del gobierno catalán.
-Ustedes entienden que si la Generalitat no se pronuncia oficialmente, el mensaje que permanece es el de Saura.
-Así es, por eso reclamamos que la Generalitat se pronuncie de manera clara. De otra forma sería una grave irresponsabilidad. Esto no se da en ningún otro lugar.
-¿Les ha sorprendido el clima de exaltación de estos días en contra de la intervención en Gaza?
-Sí y no. Comprendemos que el momento es muy dramático, porque hay una intervención militar, pero la reacción que se ha producido ahora no la recuerdo en ningún otro caso. Cuando hace pocos años hubo las grandes manifestaciones del «No a la Guerra», no vi carteles deseando la muerte de Estados Unidos, encapuchados blandiendo pistolas o panfletos señalando con una diana a periodistas.
-Quizás lo que más ha indignado ha sido la justificación de Saura tras la manifestación.
-Que después de ver todo esto en la marcha del sábado el conseller diga que todo se trató de una «performance» es delirante, casi ofensivo. Lo razonable hubiese sido que Saura dijese que en ese momento los Mossos no vieron al encapuchado de la pistola, pero que se actuaría en consecuencia persiguiendo lo que es un delito.
-Lo que también se ha visto estos días es cierta banalización del lenguaje. Conceptos como «holocausto» o «genocidio» se usan indiscriminadamente.
-Se trata de una corrupción del lenguaje nada inocente, muy consciente, que sirve para deformar la verdad. Históricamente hay ejemplos, empezando por las «democracias populares» de los regímenes comunistas de la Europa del Este. El problema grave es cuando la deformación del lenguaje alude a la muerte de personas. Si a cualquier cosa le llamas «holocausto», qué sentido tiene hablar de la «soah».
-Estos hechos suceden en Cataluña, donde históricamente ha habido una corriente de simpatía hacia la causa israelí, con defensores ilustres como el ex presidente Jordi Pujol.
-Es cierto, aunque las circunstancias históricas han cambiado, empezando por el reconocimiento del Estado de Israel, lo que España no hace hasta 1986. Durante el franquismo y la transición, tanto el catalanismo como la izquierda tienen en Israel un espejo. Los primeros se fijan en el componente nacionalista, el mito de la construcción de un estado propio; los segundos admiran el sentido comunitarista, la idealización de los «kibutz»...
-Poco queda de esa corriente.
-Así es. El nacionalismo catalán se refleja ahora en el nacionalismo palestino, que pretende la construcción de un estado nuevo, antes que en Israel, con un estado ya consolidado. Por otro lado, la izquierda, entre otros motivos, se ha contaminado de un anti americanismo radical que demoniza Israel como punta de lanza del capitalismo y los intereses de Estados Unidos.
-¿Se plantea la comunidad judía en Barcelona algún tipo de acción para mejorar su imagen?
-Sí, estamos trabajando en este sentido, aunque somos conscientes de que ahora, con los ánimos tan encendidos, no se dan las circunstancias. Más adelante creemos necesario ofrecer a la ciudadanía más información, para que se pueda abordar de forma racional el conflicto. Ahora mismo, creemos que sólo llega un único punto de vista.
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