Jueves, 15-01-09
EL título del nuevo libro, al que se refiere esta nota, es el que encabeza estas líneas. El capitalismo que viene será aleatorio o no será, sostiene su autor, el profesor Juan Urrutia, uno de los buenos productores de ideas de la universidad española. Producir ideas es distinto de lanzar ocurrencias sobre la mesa. Urrutia construye sobre cimientos sociológicos, matemáticos y, asignatura no menor, sobre la Teoría del Equilibrio General, que parte del conocimiento del ser humano. Esta tarde presenta su ensayo en el Círculo de Bellas Artes, con José Ignacio Goirigolzarri. Cinco días después, el martes próximo, Barack Obama jura como 44 presidente de Estados Unidos.
No hay alternativa al capitalismo, latu sensu, si se entiende en su raíz, propiedad privada más libertad económica. Esta idea, acorde con la naturaleza del ser humano, fue entendida hace 30 años por Deng Xiaoping. Los dos estados más poblados del planeta, y lejos de allí, al oeste, los dos conjuntos más poderosos, Norteamérica y Europa, parten de esa misma base elemental. Sin oxígeno no se respira y sin respirar se muere. Rusia había entrado a principios del siglo XX en una próspera vía hacia el capitalismo. La revolución de Octubre dejó caer toda la vajilla sobre el suelo de piedra.
Urrutia analiza procesos no sólo brillantes, sino ciertos. Parte de tres bases: primera, el capitalismo se adapta sin cesar, su raison d´être es generar el cambio. Segunda, hay varios capitalismos; pero el dominante hoy está condicionado por la globalización (que no debe adquirir caracteres salvajes). Tercera, la sociedad del conocimiento y las TIC, tecnologías de la información y la comunicación, revolucionan el panorama. Conocimiento equivale muchas veces a humanismo.
Nuestra nota de hoy es solo un aviso: no pretende resumir 572 páginas. Pero recomendamos este ensayo no sólo a los economistas. El abajo firmante no es economista pero ha coleccionado buenos retazos de economía en los últimos 30 años. De las páginas de El Capitalismo que viene se deducen conclusiones que habremos de cotejar con el discurso de inauguración del próximo martes. Grandes grupos financieros, no sólo de Wall Street, dieron hace treinta y tantos años un giro peligroso: la greed, la lujuria económica, acabó por imponerse después de una larga confrontación, casi un siglo, con la clase política -no sólo demócratas, también republicanos- y con el multiforme mundo académico. Siempre hemos creído en la virtud del dinero. Pero no en el dinero como valor único, excluyente, destructor de la sociedad, repugnante, vomitable emético que casi da al traste con ese maravilloso invento de los Padres Fundadores. América creció en las ideas de Adam Smith, David Ricardo y Joseph Schumpeter, escocés, inglés y austriaco, como explica el introductor de Urrutia, Michele Boldrin. El capitalismo nació milenios atrás en Mesopotania, pero se afirmó en el siglo XII, en aquella línea de puntos, Barcelona, Marsella, Génova, Venecia, Constantinopla, Trebizonda, Samarcanda, hasta la Ruta de la Seda y el Pacífico chino. Urrutia, una cabeza española anclada en la ciencia, estudioso de los neutrones, es hijo de la economía europea pasado por la universidad de Colorado, lo cual se nota (ha sido profesor en la UCLA, Universidad de California en Los Angeles).
El mundo euroamericano ha sido una máquina de producir ideas (repitamos, no ocurrencias). El nuevo guión ha empujado a China, India, Brasil, Rusia a incorporarse a la tarea, con los dragones asiáticos, norteafricanos, surafricanos... Japón lleva en el empeño no menos de 140 años: su siglo de las luces empezó en 1868. Idea central de este ensayo es la disipación de rentas.
Disipar rentas obliga al capitalismo a innovar: es resultado de la competencia, que trabaja y funciona como en tiempos anteriores, cuando la creación de rentas era resultado de un mecanismo más antiguo.
Pero el capitalismo no es la historia de Heidi. ¿Cuánta libertad económica, cuanta propiedad privada son las justas, las suficientes, para que el capitalismo siga creando rentas y disipándolas? Benjamin Madoff no es anécdota sino categoría. Lo cierto es que la máquina productora de ideas (propiedad privada más libertad económica) genera siempre, siempre, su amarga purga. En los últimos seis meses, ¡qué ausencia de información! Y al tiempo, ¡qué formidable esperanza la del 20 de enero!

