El próximo presidente de EE.UU. —pese a las dificultades para completar su primer gobierno— multiplica el número de «zares» plenipotenciarios de la Casa Blanca con una gran profusión de puestos de coordinación y asesores
Actualizado Jueves, 15-01-09 a las 18:27
Un «zar», según la tradición política americana, es el cargo público que recibe atribuciones especiales para hacer frente a grandes problemas. Tradicionalmente, los ocupantes del Despacho Oval suelen recurrir a este tipo de nombramientos para simbolizar sus grandes prioridades. Pero con Barack Obama, los «zares» están pasando de ser una distinción a casi una forma de gobernar. Ya que el presidente electo ha optado por rodearse de una profusión de puestos de coordinación y súper-asesores dentro del ala oeste de la Casa Blanca.
Durante su período de transición, Obama ha creado puestos completamente nuevos como el flamante cargo para la supervisión de eficiencia en el gasto público, adjudicado a Nancy Killefer, directora de la consultora McKinsey & Company. Pero también ha deparado grandes dosis de deferencia a viejas glorias como Paul Volcker, ex presidente de la Reserva Federal, elevado a la categoría de «súper-zar» económico.
Gabinete paralelo
Prioridades electorales de Barack Obama, como sanidad o energía, junto a problemas tan actuales como la bancarrota de la industria del automóvil también se han visto convertidos en puestos de supervisión ejecutiva. Candidatos que no han prosperado, como John Brennan para la dirección de la CIA, han encontrado acomodo dentro de la Casa Blanca. Y hasta el vicepresidente Joe Biden ha sido nombrado «mini-zar» de un grupo de trabajo encargado de estudiar medidas para la defensa de la clase trabajadora.
Al mismo tiempo, el gabinete formal de Obama empieza a acumular estos días significativos problemas en su obligado proceso de ratificación parlamentaria. Ayer el Senado retrasó la audiencia prevista para Timothy Geithner, el presidente de la Reserva Federal en Nueva York designado para asumir las riendas del decisivo Departamento del Tesoro. Nominación ahora en el aire al trascender que Geithner no cumplió con todas sus obligaciones tributarias durante su etapa como funcionario del Fondo Monetario Internacional, además de haber contratado a una inmigrante «sin papeles» como empleada del hogar.
Con todo este «modus operandi», que en Washington empieza a recordar bastante al estilo de influencia acaparada de Richard Nixon, Obama está planteando un modelo de Casa Blanca fuerte con poderes centralizados. Pero también, está asumiendo el riesgo de generar confusión y toda clase de conflictos entre las diferentes partes del gobierno federal implicadas en una misma cuestión. Además de recibir múltiples presiones por parte de todo grupo de interés interesado en tener su propio «zar» y línea directa con el Despacho Oval.
A la vista de los últimos cincuenta años, el fenómeno de los «zares» en la organización gubernamental de Estados Unidos no ha hecho más que ir a más. Pero académicos e historiadores coinciden en que esta tendencia ha venido acompañada por resultados frustrantes por la tendencia a convertirse en un simple estrato adicional e ineficaz de una burocracia terriblemente compleja.


