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Los jefes de la banda ya raptaron en octubre a un menor también liberado por la Policía
Trece chinos detenidos en Madrid por el secuestro del hijo de un compatriota
La policía se lleva detenido del piso de Illescas (Toledo) a uno de los «carceleros» del joven secuestrado | POLICÍA NACIONAL
El joven al ser liberado: «Me acaban de dar una paliza»
A las diez y media de la noche del lunes, los geos entraron en el piso de Illescas donde estaba secuestrado J. Z. En pocos segundos, los agentes neutralizaron a los dos «carceleros» y liberaron al muchacho, muy asustado al no saber a qué se debía ese estruendo. Estaba en una habitación al fondo de la casa, en la cama baja de una litera, atado de pies y manos «como si fuera un cristo». Los geos le tranquilizaron mientras él les contaba que «me acaban de dar una paliza». No era la primera, ni mucho menos, y solían coincidir con los contactos telefónicos con la familia. Relató, además, que había estado con los ojos vendados y que sólo le daban cada día un trozo de pan y un poco de agua. Otro dato siniestro: en el móvil del ejecutor se encontró la fotografía del chaval que se utilizó como prueba de vida y un vídeo en el que se ve cómo golpean al muchacho y se le apunta con una pistola en la cabeza. Algún detenido tiene antecedentes por extorsión; uno iba a viajar ayer a China y por eso quería cobrar a toda costa. No pertenecen a la mafia. Son sólo una banda de criminales.
Diez días ha estado secuestrado un joven de 18 años de origen chino, que en la noche del pasado día 3 fue abordado por varios compatriotas en la madrileña calle de Marcelo Usera cuando se dirigía a una cita con una supuesta joven a la que había conocido por internet. La Policía logró liberarlo en Illescas (Toledo) la noche del pasado lunes y detener a los 13 implicados, de su misma nacionalidad. El jefe y el ideólogo, que dirigían una peligrosa banda dedicada a este tipo de delitos, habían logrado escapar en octubre a otra brillante operación en la que se puso en libertad al hijo de 13 años de un adinerado empresario de esa misma comunidad raptado también en Madrid.
La resolución del secuestro ha sido posible gracias a un equipo de trabajo en el que participó la Sección de Secuestros y Extorsiones de la UDEV Central de la Comisaría General de Policía Judicial, la Brigada de Policía Judicial de Madrid y el Grupo V de la Brigada de Extranjería, especializado en mafias chinas. La liberación de la víctima fue obra de los geos.
El pasado día 3, J.Z. se había despedido de su madre poco antes de las ocho de la tarde diciéndole que había quedado con unos amigos. Sin embargo, a las 11 de la noche la mujer recibió dos llamadas realizadas desde el móvil de su hijo en las que un compatriota le exigía 300.000 euros si quería volver a verlo con vida. Desesperada -su marido, dueño de una modesta tienda, estaba de vacaciones en China y además para la familia esa suma era inalcanzable-, denunció los hechos en la Comisaría de Usera. Así se activó el protocolo nacional de secuestros y comenzaba una trepidante investigación.
En realidad, según se averiguó después, aquella noche el joven no había quedado con sus amigos, sino con una supuesta chica con la que se había citado por internet. El dato era relevante, ya que alguno de los secuestradores tenía que tener una relación lo suficientemente intensa con la familia como para saber que el chico buscaba amistades en la Red.
Colaboración total de la familia
Las llamadas de los secuestradores se fueron sucediendo y con cada una de ellas los negociadores intentaban, por una parte, obtener información y por otra conseguir que se rebajara el rescate. La familia, obviamente, pidió una prueba de vida que recibieron a través de una webcam y que sirvió a los captores para presionar aún más, ya que se veía al chico con los ojos vendados, pidiendo que se pagara y relatando los malos tratos y golpes que recibía. Como dato positivo, los criminales, tras varias «rebajas», se conformaban con 60.000 euros.
Una de las claves de la investigación fue la total colaboración no sólo de la familia de la víctima, que siguió todas las instrucciones de la Policía, sino también de la comunidad china, que ayudó a algunas identificaciones y aportó intérpretes que no sólo traducían en tiempo real las comunicaciones sino que también ayudaban a hacer una lectura correcta de las palabras de los delincuentes a la luz de su cultura.
Hace algunos días los secuestradores dieron instrucciones para que se produjera el pago del rescate. El padre del chico, ya de vuelta, y un amigo tuvieron que acudir a varios puntos de distintos barrios y distritos de la capital, una estrategia que utilizan este tipo de delincuentes para comprobar que no son seguidos por la Policía. Finalmente,no se llegó a consumar el pago del dinero.
Para entonces la Policía disponía de un buen número de datos, de identificaciones claves que sirvieron para relacionar a este grupo con el secuestro resuelto de un niño en octubre, del que escaparon al menos dos de los implicados: el cabecilla y el ideólogo de este nuevo caso. Precisamente este último tenía bastante relación con el padre de J.Z. y el otro lo había conocido hace años aunque ya no tenían contacto.
Controlados ya los dos principales implicados y sus compinches, se supo que el ejecutor había alquilado un piso bajo en la calle Doctor Fleming de Illescas (Toledo). Un lugar que, por cierto, era completamnete desconocido para el ideólogo. Sometido a estrecha vigilancia, se comprobó que las persianas estaban siempre bajadas, aunque había ruidos, y era frecuentado por el primero una o dos veces al día.
Con un ordenador portátil
A las seis de la tarde del lunes los agentes vieron salir del piso a tres individuos con un ordenador portátil -el utilizado para comunicarse vía webcam con la familia- acompañados por el ejecutor. Todos subieron a una furgoneta con destino a un bar de la calle Marcelo Usera, donde se reunieron con el ideólogo. Ese fue el momento elegido por los encargados de la investigación para dar la orden de detención. Asimismo se capturó al individuo que había facilitado a la banda los móviles que utilizaba, y que era la persona elegida por los jefes para cobrar el rescate. También se arrestó a otros cinco implicados. Desde ese instante se planeó la liberación de la víctima, de la que se sabía que estaba viviendo un infierno.
Las fuentes consultadas por ABC destacaron la importancia de que fuera desmantelada toda la banda, «porque si no era así continuaría su carrera delictiva. Si los dos jefes hubieran vuelto a escapar, pronto habríamos tenido otro caso similar».
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