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Arranca en Barcelona la campaña del «bus ateo» entre una gran expectación mediática y una cierta indiferencia de los ciudadanos. Dos autobuses de los mil que circulan a diario en la capital catalana lucieron el «Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte...»
Y el ateísmo se encarnó en autobús
Martes, 13-01-09
Y llegó el día. La modesta campaña ateísta que entre todos hemos hecho más grande que un autobús (y que dos ) pisó la calle. Dos autobuses de la red pública de transporte de la ciudad de Barcelona comenzaron ayer a circular luciendo los anuncios de la ya famosa campaña en favor del ateísmo promovida por la Unión de Ateos y Librepensadores y Ateos de Cataluña; la del consabido lema, copiado del Reino Unido, que reza: «Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida». (En versión catalana y castellana, conste, pues al ateísmo en Cataluña sí se le permite ser bilingüe).
La campaña arrancó ayer y durará cuatro semanas en Barcelona. Además, se pretende extenderla a Madrid, Valencia, Bilbao, Sevilla, etc.
En el caso de la Ciudad Condal, la publicidad ha tenido un coste total de 2.500 euros, de sobras cubiertos por el montante de donativos privados, hasta ahora uno 10.000 euros, por lo que hay dinero para seguir financiando la cruzada atea.
Mientras, algunos colectivos cristianos han movido pieza para hacer frente al llamado «bus ateo». En Cataluña, la entidad E-Cristians, liderada por el ex dirigente de CiU, Josep Miró i Ardèvol, se ha puesto manos a la obra a recaudar dinero para financiar una campaña de publicidad en autobuses de signo contrario.
«¡Jo, macho, la que tienes liada hoy! ¡Menos mal que te has puesto una camisa limpia, porque saldrás en todas las “teles”!» Se lo decía un colega a Jordi, el conductor de uno de los dos autobuses con publicidad pro atea que ayer recorrían Barcelona. El interpelado, por su parte, evitaba engrandecer su fama por un día y declinaba hablar para ABC. «No nos dejan», deslizó.
«Sí que hay un Dios»
Era Jordi un hombre muy buscado por los periodistas, pues no había muchos por buscar. Sólo dos autobuses de los cerca de un millar que circulan a diario en la capital catalana —de las largas líneas 14 y 41, que cruzan la urbe— portaban la publicidad hereje.

Dos dianas móviles que los medios de comunicación pusieron en su punto de mira. Coches que seguían a los buses cámara en ristre y periodistas sumándose al pasaje para conseguir testimonios de usuarios a la carrera. Un gran despliegue mediático que, por constraste, realzaba la cierta indiferencia con que los ciudadanos abordados terciaban sobre la polémica.
«Para mí sí que hay un Dios. Soy católico», confesaba un abrumado Toni García, un inmigrante de origen filipino de 38 años que se vio sorprendido por la expectación que despertó ayer su gesto rutinario, subirse a un autobús. «No entiendo mucho el mensaje... está en catalán... (la versión castellana del cartel le quedaba al otro lado del vehículo). Se le tradujo sobre la marcha y Toni se reafirmó, no estaba de acuerdo, aunque precisó que acepta que se deje poner publicidad de este tipo o, obviamente de signo cristiano .
«Y no me meto en la vida de los demás. Cada uno tiene su pensamiento y lo respeto», explicaba Conchi Saura, de 49 años. «Yo, personalmente, no creo en Dios. Si existiera no pasaría lo que está pasando (en Gaza)...». Añadía la ayer usuaria del bus ateo de la línea 41.
Para algunos, si de algo pecampaña pro ateísmo, principalmente, es de prescindible, más allá de que se respete que la libertad de expresión viaje en transporte público. En este sentido, sostenía Alfred Monteys, representante comercial de 67 años, que «no era una campaña necesaria para supuestamente reivindicar el ateísmo, com o dicen sus promotores. Nuestra sociedad actual es suficientemente libre para que cada uno piense lo que quiera».
Las críticas a la campaña de los buses ateos también han llegado desde dentro, de algunos miembros de las entidades convocantes, que consideran que el lema es demasiado «light». Un «probablemente Dios no exista» es más propio de un discurso agnosticista que de un ateísmo tan rotundo como un autobús; una concesión a la duda que hasta despierta la misericordia de los más creyentes. Luego le sigue el «deja de preocuparte y disfruta de la vida» que obviamente ha molestado, pues niega que se pueda disfrutar de la vida con fe.
«No sé si tiene algún sentido esta campaña. La encuentro bastante tibia, por el lema. De hecho, la reacción que ha suscitado es más grande de lo que dice», resumía Maricel González, una socióloga de 36 años que ayer cogió un autobús.
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