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Centenares de viajeros continuaban atrapados ayer por tercer día consecutivo en Barajas. Las reclamaciones se multiplican, pero muchos se desesperan. Sólo quieren poner fin a la pesadilla
Lunes, 12-01-09
La larga espera de más de más de 72 horas en un mastodóntico aeropuerto como el de Madrid-Barajas ha conseguido hacer mella entre la mayor parte de los pasajeros atrapados en medio del caos invernal. Las reclamaciones oficiales, las quejas ante los mostradores de las compañías, los gritos de desesperación y hasta los «motines» en los aviones han dado paso a la desesperación y al anhelo de que todo termine cuanto antes.
«No pido nada más», explicaba Mariela mientras esperaba facturar, por fin, sus maletas para el vuelo de Iberia a Buenos Aires. Más de tres días esperaba esta viajera. Reconoce que ha luchado como la que más, que ha encabezado numerosas protestas, pero, también, que ya no puede más. «Solamente quiero llegar a mi casa, ver a los míos y olvidarme de esta pesadilla, porque ya no merece la pena luchar más», explicaba.
De la indignación al desánimo
Igual que Mariela, la indignación ha dado paso al desánimo en gran parte de los viajeros que, todavía ayer, tres días después de la nevada, no tenían asignado asiento ni sabían a qué hora iba a partir su vuelo.
Los más afectados volvían a ser los viajeros que se dirigían al otro lado del Atlántico: Argentina, Uruguay y Estados Unidos han sido los destinos más afectados.
Sensación de abandono
La imposibilidad de recolocar a todos los clientes en los vuelos del sábado -sólo hay una ruta a cada país en cada jornada- hacía presagiar ayer lo peor. «Creemos que todos tendrán su asiento hoy mismo [por ayer]», indicaba una de las empleadas de facturación de Iberia en la T-4.
En total, han sido más de 50.000 personas afectadas por los retrasos y cancelaciones. «Hemos vivido en un caos absoluto, yendo y viniendo todos los días del aeropuerto al hotel», explicaba Rubén, un joven que se dirigía a Chicago y cuyos ojos denotaban la desesperación.
Lo peor de todo es que la mayoría se han visto abandonados por las autoridades. «Aquí nadie nos ha dicho nada, sólo nos trataban como borregos y la información no ha sido escasa, sino nula», indicaba con rabia María Jesús. Ella, junto con otros viajeros que esperaban la deseada reubicación en un vuelo, ayudó a María, una mujer que se dirigía a Chicago con su hija de apenas 19 meses. Saray, la misma niña de la que ABC narró ayer que tuvo que dormir entre maletas, nos la encontramos de nuevo allí, atendida por el resto de viajeros. «Unos la animaban, otros jugaban con ella, otros le daban de comer...», explicaba Isabel. «Era lo lógico, porque la situación era insostenible y nos daba mucha pena», afirmaba no sin tristeza.
Incontables reclamaciones
Algunos, como Luis, han hecho del aeropuerto su propia casa. «Menos mal que algunos empleados del aeropuerto nos han ayudado, porque, si no, esto hubiera sido insostenible», explicaba este argentino, deseoso de llegar a su país natal. «Los bancos son muy incómodos, los baños impersonales y la instalación, en general, no está preparada para pasar aquí tantas horas», afirmaba.
A pesar de que la desesperación ha hecho tanta mella en muchos viajeros, algunos no se resignaban a pelear por sus derechos.
«El avión no se ha retrasado sólo por la nieve, que también», indicaba Víctor. «Ha sido, sobre todo, porque no saben organizarse las propias aerolíneas y, por tanto, tenemos derecho a indemnización», afirmaba. No saben cuándo la cobrarán ni en qué condiciones, pero ayer seguían dispuestos a dar la batalla por una justa compensación.
Mostradores abarrotados
Por su parte, en el mostrador de Atención al Cliente de Iberia se apilaban más y más hojas de reclamaciones. «A las quejas presentadas en el último mes por la supuesta huelga de celo se ha unido estos días la avalancha de reclamaciones presentadas por las cancelaciones de la nieve», explicaba una de las empleadas de la aerolínea.
¿Y cuándo se resolverán? Al parecer, el periodo puede demorarse hasta un año. «Es un derecho adquirido al que no se puede renunciar, a pesar del cansancio», indicaban.
Dos jóvenes viajeras dormían, ayer, a primera hora de la mañana, sobre el suelo de la Terminal 4 del aeródromo madrileño
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