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Olmert y su ministro de Defensa, Barak, autorizan al jefe de la operación «Plomo Sólido» a que utilice una primera oleada de 6.700 reservistas israelíes
Lunes, 12-01-09
El Ejército lo llama la «fase C» y anuncia que sus tropas combatirán en Gaza a un nivel de intensidad nunca visto. En una aparente activación de esta siguiente etapa de la guerra, Israel empezó a desplegar anoche por primera vez en esta campaña a miles de reservistas dentro de la Franja, llamados a reforzar a las unidades invasoras y multiplicar la fuerza de la ofensiva.
La orden se emitía de acuerdo a los planes del jefe militar de la operación «Plomo sólido», general del Comando Sur Yoav Galant, que el jueves pedía al primer ministro, Ehud Olmert, y al titular de Defensa, Ehud Barak, autorización para llevar a cabo este refuerzo ya una ofensiva «que resolvería el problema de seguridad de Israel para los próximos años». Los reservistas, movilizados en una primera oleada de 6,700, a la que luego se sumó un llamamiento masivo de «decenas de miles» coincidiendo con el inicio de la incursión terrestre, estaban acuartelados a la espera de esta luz verde.
«Ocasión histórica»
De acuerdo con el alto mando, las fuerzas armadas israelíes se encuentran ante una oportunidad de aniquilar a Hamás «que se presenta una vez en una generación», por lo que, durante la visita el jueves de Olmert y Barak a las tropas, insistió en que «si no hacemos lo que tenemos que hacer, perderemos una ocasión histórica». Galant ha reconocido que habrá bajas entre sus soldados, se temen secuestros, pero advierte que, de parar ahora, Hamás recuperará su capacidad armamentística y, -según recoge el diario israelí «Yeditoh Ahronoth»-, obligará a Tel Aviv a echar mano de sus misiles de nuevo.
La proximidad de una escalada, de esta «guerra total» con que Barak amenazó antes de empezar, se barruntaba ayer en las palabra de Olmert que, lejos de ceder a la presión internacional, anunciaba por la mañana: «Israel se está aproximando a sus objetivos, -dijo, para moral de sus soldados-, pero todavía hace falta un esfuerzo, paciencia y determinación».
El temor al recrudecimiento de la guerra ha sacado ya de sus casas en las áreas más castigadas del norte y de Rafah, en el sur, a avalanchas de civiles que no pueden escapar de su territorio, convertido en una trampa mortal sin salida. Se esconden con familiares en Gaza capital, -en cuyas afueras Israel combatía ayer cuerpo a cuerpo con los milicianos-, y 25.000 de ellos se refugian en las escuelas dispuestas por la ONU a tal efecto.
La brutalidad de la campaña militar les aterra, sobre todo después de que el sábado Israel les inundara de octavillas anunciando más fuego. «Somos muy violentos, no estamos ahorrando métodos para prevenir bajas entre nuestras tropas», admitía a la televisión israelí el teniente coronel Amir, jefe de la Unidad de Ingenieros.
Desde Gaza, el director general del hospital de Shifa y viceministro de Sanidad del Gobierno de Hamás denunciaba ayer que están recibiendo «pacientes con profundas quemaduras» producto del uso por parte de Israel de bombas de fósforo blanco.
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