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Steve Jobs La Bolsa y la vida

Steve Jobs La Bolsa y la vida
En los grandes tiempos, la MacWorld Expo de enero era una hoguera llena de leña. Se quemaban los rumores, los enemigos, los escépticos. Salía el gran Steve Jobs, con sus vaqueros y su camisa negra de cuello alto, sin chistera, y sacaba cualquiera de esos conejos que han cambiado el mundo y nuestras vidas. El iPod. La tienda iTunes. El iPhone. Millones de personas seguían la escena a través de cientos de blogs especializados en Apple, y también los inversores de Wall Street, los laboratorios de ideas de Microsoft, los dueños de las tiendas, que se frotaban las manos ante cualquier nuevo gadget. Pero el martes no salió Steve Jobs, sino Philip Schiller, vicepresidente, responsable de marketing, y en la Red pronto quedó claro que Schiller no era un mago.
Al final de la Keynote (una presentación global convertida por Jobs en una cita obligada) tomó el escenario Tony Bennet. Cantó «Lo mejor está por llegar». A sus 82 años no se le puede negar el optimismo. Para los internautas, en cambio, el paisaje tenía el aspecto del final de una era, de un estilo de dirigir la empresa. Lo que venga tal vez sea mejor, en efecto, pero seguro que será diferente. Para empezar, Apple ha anunciado que no participará más en una MacWorld, que se acabó el espectáculo y el tiempo de las ferias. Buscará otras formas de acercarse a los consumidores. En internet, ese gesto se valora tanto o más que la enfermedad (desequilibro hormonal) del líder. «Muchos consideran que ésta es una de las medidas para bajar el perfil del CEO y eventualmente «entregar el poder» a otro», escribe Eduardo Arcos, blogger, fundador de Hipertextual.
¿Y si la decisión sólo fuera una manera de ahorrar costes mientras pasa la crisis y Jobs se recupera de su extraña pérdida de peso, de ese desequilibrio que le roba las proteínas? En realidad, el rumor siempre ha sido el primer apellido de Apple. Muchos creen que los fomenta y difunde, porque cualquier «dicen que» vale más que el olvido. Pero los analistas intuyen una táctica: Apple prepara un futuro en el que toda la estructura de su edificio deje de depender de un hombre, dicen que obsesionado por el producto, muy tímido y muy convincente en el cara a cara, perfeccionista, apodado «míster no» por algunos de sus colaboradores.
Steve Jobs cumplirá 54 años el 24 de febrero. Es joven, muy joven. Fue hijo adoptado, pasó de largo por la Universidad (no tenía dinero ni interés), y se encontró con su futuro en un curso sobre tipografías. Quizá en aquel momento empezó a entrever el entorno Mac, la sencillez. Fue uno de esos «chicos del garaje» que, en compañía de un amigo, Steve Wozniak, creó Apple. En 1982 ya era el millonario más joven de Estados Unidos, con 4.000 empleados. El 24 de enero de 1984 lanzó al mercado el primer ordenador sencillo de uso mayoritario, con una memoria de 128K. Se cumplen ahora 25 años, un cuarto de siglo, una época a la que los asistentes a la MacWorld miraban con nostalgia, como esos buenos tiempos que quién sabe si volverán. En Endaget, uno de los blogs más importantes del mundo, tecleaban: «No hay Steve, no hay iPhone nano, no hay nuevo mini, no hay nada impactante, no hay sorpresas. Estamos desanimados...».
El 1985 le echaron de Apple, la empresa que había fundado. «No me di cuenta entonces, pero resultó que fue lo mejor que me pudo haber pasado. Me convertí en un principiante una vez más. Comenzó uno de los períodos más creativos de mi vida», dijo en su famosa conferencia en la Universidad de Stanford en 2005. Y en su blog escribió: «Estoy dispuesto a derribar paredes, construir pasillos y encender hogueras. Tengo una gran experiencia, mucha energía, un poco de eso que se llama visión y no me asusta volver a empezar». Su nuevo comienzo lo encontró en Pixar, una compañía de la periferia de George Lucas. La compró. Y nació «Toy Story» (1995), otra forma de entender el cine de animación, un golpe de mano como el de los ordenadores fáciles. En 1996 volvió a Apple. En esta ocasión, segundas partes sí fueron buenas. Es el hombre del iPod, de iTunes, de la revolución en el negocio de la música, y, al mismo tiempo, de un matrimonio indisoluble: Apple no podía vivir sin Jobs.
En el verano de 2008 otro rumor sobre su muerte «inminente» golpeó a la compañía en Bolsa. Quizá no haya ningún otro caso de una empresa tan ligada a su primer ejecutivo. Cada vez que se duda de su salud parece que cae el telón sobre el futuro. Ya en 2004 estuvo a punto de morir. Le detectaron un tumor en el páncreas de esos que nunca se curan («mi médico me aconsejó ir a casa y arreglar mis asuntos»), aunque finalmente la suerte de los elegidos le permitió salir bien librado. Lo explicó: «Tenía una forma poco común de cáncer pancreático, que representa el 1 por ciento de los casos de cáncer de páncreas cada año, y que puede curarse con cirugía si se diagnostica a tiempo (el mío lo fue)». Y en los días previos a la Macworld del martes, otra vez su salud... y su carta pública. Está bien. O al menos no está tan mal como se decía. «La recuperación me llevará hasta la primavera». Sigue al frente de Apple. Calma.
Cuando no hay sorpresas
Pero el poso del rumor y la especulación sobre un futuro sin Jobs continúa. Opina Francis Pisani, respetado analista global: «La pregunta que me hago respecto a todo esto no es si Jobs aparecerá, o si su sucesor añadirá su nombre a un nuevo producto sorprendente (las dos opciones son posibles y deseables), sino si Apple puede permitirse el ahorrarse una verdadera sorpresa. La salud de Jobs preocupa, las acciones empiezan a moverse mucho (en las últimas 52 semanas, en un arco entre 192 y 79 dólares), la competencia (concretamente en el campo de los teléfonos móviles) es dura». El martes no hubo golpes de efecto. Más bien aburrimiento.
En Stanford, después de atisbar la muerte, Jobs pronunció su discurso más reproducido en la Red. Una reflexión sobre el éxito y el final. Les dijo a los alumnos: «A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. No os conforméis». Y también: «Tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición». Y: «Durante los últimos 33 años cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta era no demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo». Epílogo: «Sigue hambriento. Sigue atolondrado».
¿Sigue hambriento Steve Jobs, ese líder «insoportable y genial» (Pisani)? ¿Está preparado y con buena salud para enfrentarse a la era del entretenimiento digital, a la fusión de la televisión? ¿Y Apple? ¿Está lista para sobrevivir a Jobs? Mark Anderson, otro analista de prestigio, escribe: «Algunas personas creen que puede continuar sin Jobs. Yo pienso que es imposible». De momento, sigue al frente de la nave. Desequilibro hormonal. «Ya dije más de lo que quería decir y es todo lo que diré. Steve».
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