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Un millar de pasajeros se amotinaron ayer en tres aviones de Iberia durante varias horas. Exigían volar a Lima, Montevideo y Buenos Aires. Al final, sólo pudo salir el que se dirigía a la capital peruana
Motines, rabia y angustia en Barajas
El inmenso desbarajuste en el que lleva semanas sumergido el aeropuerto de Barajas desembocó ayer en tres motines, tres, a bordo de sendos aviones y, prácticamente, a la misma hora, el mediodía. Vuelos con destino a Buenos Aires (Argentina), Lima (Perú) y Montevideo (Uruguay) fueron los perjudicados, todos de la compañía Iberia. Sólo la intervención de los efectivos de la Guardia Civil logró atemperar los ánimos y conseguir que dos de las aeronaves partieran, con bastantes horas de retraso, a sus destinos. Los pasajeros que querían volar a Buenos Aires y Montevideo se tuvieron que quedar en tierra.
Precisamente, en el 6845 de Iberia, el que debía partir a la capital argentina, fue donde se produjo la mayor problemática, después de más de 24 horas de retraso. Tenía previsto su despegue a las 12.30 del viernes, pero, según la compañía, a causa del temporal, se retrasó su salida: el aeródromo madrileño estuvo cerrado entre las 11.50 y las 16.40 de ayer por la gran nevada caída. Por ello, se optó por retrasar el vuelo a las tres de la madrugada de ayer. Y así parecía que iba a ocurrir, con los pasajeros ya embarcados en la aeronave, cuando les obligaron a abandonarla: se retrasaba el vuelo hasta ayer por la mañana, según la versión ofrecida por los pasajeros.
Pero tampoco pudo ser. Se repitió la misma secuencia: embarque de los viajeros y, antes de la partida, nuevo aviso de que era imposible despegar. La compañía les volvió a pedir que salieran del avión hasta nuevo aviso, pero los ánimos no estaban ya para atender las peticiones de Iberia. El pasaje decidió amotinarse hasta que la aerolínea no les diera un compromiso real de cuándo volarían hacia Argentina.
La razón esgrimida, en este caso, fue que el comandante necesitaba descansar, al menos, diez horas y media antes de volver a pilotar el avión. Pero a nadie se le pasaba por alto la huelga de celo promovida por los pilotos de la compañía española. Iberia, como ya se ha informado, ha presentado una demanda contra el Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla), contra su sección sindical en la compañía y contra 11 de sus miembros por los daños y perjuicios ocasionados desde que el pasado diciembre comenzaran la huelga. La compañía cifra en 13 millones de euros las pérdidas a causa de esta acción sindical. El avión fue desalojado a las 15.00, sin que, por lo tanto, llegara a despegar.
«¡Que llamen al Gobierno!»
Una situación muy difícil fue la que se vivió también, a partir de las 12 de la mañana, en el vuelo 6651 de Iberia, también en la T-4 de Barajas, con destino a Lima. Enrique, uno de los ocupantes del avión, relataba a ABC desde su teléfono móvil lo caótico de su experiencia. «Somos unas 350 personas, que viajamos el jueves en un avión desde Jerez a Madrid, pero que se desvió a Barcelona. Nos dieron un tique para salir hoy [por ayer] a las 12, hacia Lima. Pero, minutos antes de despegar, nos dicen que no sale el vuelo». ¿La razón? «Dicen que tienen que cumplir sus horarios -nos explica Enrique, en medio de un estruendo de gritos de fondo, entre los que se escucha: «¡Que alguien llame al Gobierno de Zapatero para que solucione esto!»-». Este pasajero peruano quiere ser más conciliador: «Entendemos a la tripulación, pero que ellos nos entiendan a nosotros. Aquí hay niños que llevan dos días durmiendo en el aeropuerto. La gente tiene que resolver sus asuntos en Perú. Esta situación es un caos. La gente no se quiere bajar. Volamos hoy a Lima sí o sí».
Los pilotos no han aparecido, explica otro de los viajeros, Javier de la Fuente: «Cuando ya, por fin, estábamos sentados, una azafata, que ni siquiera ha sido capaz de dar la cara, nos ha comunicado por megafonía que todos teníamos que bajar de nuevo», informa Isabel Pérez del Puerto. Iberia también les informó de que les trasladarían a un hotel porque hasta las once de la noche no sabrían cuándo se reanudaría el vuelo. «¡Esto es una vergüenza! ¡Hay muchos niños y nos están mareando!», se quejaban, en medio «de mucha tensión».
En el avión, además de peruanos, viajan italianos, alemanes y franceses, por lo que reclamaban que se avisase a sus embajadas para que pusieran una solución al embrollo. Finalmente, sobre las cinco de la tarde, gracias a la actuación de la Guardia Civil, el vuelo puede despegar. Eso sí, con cinco horas de retraso.
El tercer vuelo amotinado, el 6011, debía partir hacia Montevideo. Pero faltaban comidas, no cerraban las bodegas y no aparecían varios pasajeros en sillas de ruedas, demora que hacía que los pilotos se pasasen de la actividad permitida por las leyes internacionales de aviación (16 horas de actividad). Lo intentan hoy.
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