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Ahora que el sistema financiero de todo el mundo está puesto en cuestión y los principales responsables, incluido el Banco Central Europeo, que preside Jean-Claude Trichet -según acordó el G-20- han decidido reformarlo, nuevos estudios vuelven a poner el dedo sobre la llaga y sacan a relucir irregularidades, que en tiempos de crisis como estos actúan como efecto dominó. Un estudio de la Autoridad Antimonopolio de Italia ha detectado que el 80% de las empresas financieras y aseguradoras italianas incluyen en su propio organigrama a personas con responsabilidades en compañías de la competencia.
Este informe, divulgado ayer en Roma, revela que las empresas financieras y aseguradoras italianas registran un nivel de interrelaciones personales y accionariales entre los concurrentes de un mismo sector «sin parangones en Europa». Éste es un hecho «que puede llegar a implicar no a una ni a dos personas, sino en algunos casos hasta a dieciséis. La anomalía es toda italiana: es inexistente para las empresas de la Bolsa española o de la Euronext-Amsterdam, afecta sólo al 26,7% de las de París, al 43,8% de las alemanas y al 47,1% de las de Londres», dice el texto.
Presencia de las fundaciones
Hace falta «examinar aún más profundamente los riesgos implícitos que el fenómeno de los vínculos accionariales y de interrelación personal puede producir», añade la autoridad vigilante del monopolio en Italia, que llama la atención sobre la excesiva presencia de las fundaciones en el accionariado de los bancos del país. La Autoridad Antimonoplio italiana asegura que este elevado nivel de interrelación entre unas empresas y otras hace que la posibilidad de un efecto dominó ante la crisis económica sea mayor en las empresas italianas, ya que los riesgos que corre una compañía pueden afectar a las demás.
«El grado de concentración del accionariado, que a menudo se identifica con un núcleo específico de socios, posiblemente vinculados por pactos, es muy elevado para las sociedades participadas», denuncia el informe.
«Lo que cuenta es la clara repartición de las funciones, es decir, de los incentivos entre accionistas, los órganos de gestión y los órganos estratégicos de control. La adopción de modelos de gestión claros resulta una prioridad para la recuperación de la reputación del sistema», concluye el informe de la Autoridad Antimonopolio italiana.
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