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Viernes, 09-01-09
JAVIER CORTIJ0
Bien sea por sequía creativa, puentes comunes en la distribución y exhibición o singularidades dobladoras, las versiones made in Hollywood de películas españolas (no hablemos de las italianas, francesas o nórdicas) proliferan que es un primor. Todo va bien siempre que se eviten dos factores: que Tom Cruise ponga la zarpa y se repita el «síndrome Vanilla sky» (lo sentimos y ánimo, Vigalondo) y que más que un remake parezca un déjà vu por aquello de la proximidad entre original y copia. Al menos, de lo primero se ha librado «Quarantine», un filme de urgencia ensamblado en tiempo récord alrededor de una de las mejores películas terroríficas del último cine europeo. Y si tenemos en cuenta que Balagueró y Plaza ya preparan «REC 2», la película de John Erick Dowdle (cineasta a redescubrir en el género gracias a «The Poughkeepsie Tapes») es una inevitable lectura casi palabra por palabra del filme español, exceptuando el prólogo en el parque de bomberos, única ocasión donde el discípulo supera al maestro. Quizá para añadir algo nuevo, Dowdle ha ampliado los márgenes y tiros de la férrea estructura visual de «REC», mostrándonos elementos innecesarios como el cameraman o los verdugos del exterior del edificio con pinta de apicultores. Tampoco aporta credibilidad encontrar la misma escalera de vecinos típicamente española en pleno Los Ángeles -aunque la excelente y cassavetiana «Buscando un beso a medianoche» nos descubrió rincones inéditos de la ciudad-, o unos limpísimos travellings-cangrejo en mitad del fragor y horror de la cámara en mano (al menos, aquí se cambia la batería más regularmente). Por no hablar de lo que echamos de menos a Manuela Velasco, a aquel inquilino mariquita tan gracioso (aquí suplido por un borrachín de garrafón) o al asombroso Javier Botet como «Niña Medeiros». Confirmado: ni los chistes ni los escalofríos «recocinados» tienen demasiado interés.
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