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Viernes, 09-01-09
No es una despedida empapada en lágrimas, rutina que se repite continuamente entre los deportistas que se resignan a abandonar. Isabel Fernández Gutiérrez (Alicante, 1 febrero de 1972) sale del tatami con la cabeza bien alta una vez ha decidido retirarse de la alta competición antes de que las circunstancias le jubilen a ella. Aparca más de veinte años al máximo nivel para empezar una nueva vida, que de momento pasa por cumplir con los ciudadanos de Alicante con su cargo de concejal de Deportes.
Nombre propio de un deporte minoritario que sólo es noticia cada cuatro años, Isabel Fernández puede presumir de haber ganado casi todo. Al borde de los 37 años, habla con serenidad para ABC de la decisión que hizo pública ayer, por sorpresa, si bien es verdad que era cuestión de tiempo: «Sabes que tiene que llegar el momento, aunque no quieras, pero es ahora. Dejo el deporte de elite para disfrutar del judo, aunque esta vez como si de un hobby se tratara. Adiós a los entrenamientos diarios y al sacrificio para estar a tope; haré los combates que me apetezcan», resume en una introducción que parece meditada desde hace meses. «He estado muchos años -prosigue-, incluso he estirado mucho y me ha ido muy bien. No me hubiera creído jamás estar en cuatro Juegos Olímpicos, las lesiones me han aguantado y siempre he tenido resultados buenos».
La motivación de los Juegos
Sin vanidad, Isabel acepta que todavía estaría entre las grandes, librando combates hasta la lucha por las medallas. De hecho, este año se planteaba competir en el Europeo y en el Mundial, aunque finalmente ha preferido apartarse ya que, después de tantísimos años, tampoco significaban demasiado estas competiciones. «Lo único que me motivaría son otros Juegos, pero a Londres ya no llego», acepta Isabel, que a los 15 años ya era campeona de España en categoría cadete. «Dejo muchas cosas: viajes, entrenamientos... un montón de cosas, por lo que cuesta decir hasta aquí. Hay que ser consciente de que la etapa de un deportista es eso, una etapa. Ahora empieza otra».
En esa nueva vida, Isabel tendrá tiempo para abrir el álbum y recordar una carrera repleta de sonrisas. «Me quedo con Sidney, donde gané la medalla de oro olímpica después del bronce de Atlanta. De Sidney y de Atenas, en donde fui abanderada. Tiene un significado diferente, representas a todos los deportistas españoles. Y era una mujer. Es un momento que se te pasa en unos segundos, pero que dura para toda la vida. Estaba nerviosa, eran nervios, risas, de todo... Cuando me quitaron la bandera me dio un bajonazo...», recuerda emocionada.
Descartó el ballet siendo una niña porque le aburría y buena fue su elección. Campeona olímpica, de Europa y del Mundo, también destaca por su humanidad, como lo demuestra con el proyecto de judo para niños autistas que lleva su nombre y que se puso en marcha en 2001. «La vida sigue. No tengo ningún miedo, lo tenía asimilado, no es algo de la noche a la mañana. Sabía que después de los Juegos tenía que pensar y asimilar las cosas. No es un drama retirarme, ni mucho menos. Cuanto antes lo asimile mejor», se despide.
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