Jueves, 08-01-09
Espadas en alto para Mestalla. Racing y Valencia firmaron un empate en el partido de ida de octavos de final, que resultó más que bronco y copero, espeso y descafeinado. Sobre todo por parte de los valencianos, que nunca acabaron de superar al helado ambiente y de mostrar signos de querer defender el título de campeón de la Copa del Rey que ostentan.
Siete suplentes y cuatro titulares. Unai Emery tiró en el frío del Sardinero de rotaciones, pero quizá en exceso. Salvando el gol valencianista de la primera mitad, a los blanquinegros les costó mucho cogerse al choque copero. Espesos. Desconectados en el centro del campo. Y jugando la pelota más cerca de su área que la del Racing.
Los cántabros aprovecharon su condición de local, de equipo más empastado y de la falta de ideas rival para tener mayor presencia, aunque sin peligro, en el área «che».
Pero contra el Valencia debieron ser más incisivos. Se notó la baja de Tchité. A nueve minutos del descanso Manuel Fernandes botó un córner al primer palo, Colsa erró en el despeje y batió a un Coltorti que salió sin decisión.
La espesura se tornó ruptura en la segunda mitad. Emery tiró unos metros adelante la defensa. Pero, en la búsqueda de unir líneas, se resquebrajó más el «equipo» valenciano. Además, a Miguel le dio por hacer un penalti tonto al derribar a Pereira, pero Ezequiel Garay lo envió al larguero. Muñiz no se lo creía desde la banda.
Tampoco se creyó por lo imposible el gol de falta que logró en el 54 Lacen. El centrocampista francés metió un zurdazo con rosca al lado de la barrera. Renan no pudo hacer nada para evitar las tablas. El tanto metió un poquito más en el partido a lo cántabros. Sin embargo, el final del choque destacó por el rosario de tarjetas y sendas expulsiones infantiles a los valencianistas Miguel y Vicente.




