Casa gratis por vivir con niños tutelados
Beatriz está aprendiendo la base del trabajo social, su vocación
Son universitarios. Tienen 19 y 25 años y viven en Leganés y Alcorcón. No pagan alquiler y comparten «piso» con un montón de niños. A cambio de ayudarles a hacer los deberes, llevarles o recogerles del colegio y compartir con ellos todo tipo de situaciones y experiencias derivadas de la convivencia diaria, obtienen una habitación y la manutención: desayuno, comida y cena.
Él se llama José Miguel Córdoba, está en segundo curso de Bachillerato de Ciencias de la Salud y es uno de los becados por el Instituto Madrileño del Menor y la Familia de la Consejería de Servicios Sociales. Tiene un expediente de matrícula de honor y vive en la Residencia de Menores de Leganés. Su compañera es Beatriz Camacho, que estudia Trabajo Social, y repite por segundo año consecutivo en la Residencia de Menores de Alcorcón. «La beca son las clases prácticas de mi carrera», afirma la joven.
Ambos están encantados con lo que hacen. José Miguel, porque ha pasado cuatro años de su vida, junto a su hermana pequeña, en el mismo centro en el que ahora vive como becario. Conoce mejor que nadie las carencias, necesidades y puntos fuertes y débiles de quienes están alejados de sus progenitores, tutelados por la Comunidad por problemas de riesgo social, de salud..., que impiden a sus mayores hacerse cargo de ellos temporalmente.
En el lugar que ha sido y es su casa últimamente, José Miguel convive con 33 menores de entre 3 a 18 años. «Ayudo a hacer los deberes a los mayores durante una o dos horas como apoyo a los educadores. Trato de despertarles su interés por aprender, actividad que puede ser muy divertida». Su objetivo es «que asimilen la realidad que les ha traído hasta aquí para que comprendan que su estancia es una oportunidad, no un castigo. Por ello, tienen que aprovechar el tiempo y salir adelante porque se puede».
El hecho de que los menores vivan alejados de su familia -menos fines de semana y vacaciones, salvo excepciones- les afecta enormemente, hasta el punto de que les cueste integrarse y reconocer su situación. No lo entienden, en general, y defienden siempre a sus padres, explica Jesús María Loeches, director del centro de Leganés.
Estos becarios se convierten en líderes, ejercen de hermanos mayores y tienen ante los menores tutelados un papel distinto al de los padres y educadores. «Son sus confidentes. Un espejo en el que se miran los pequeños. Un ejemplo de lo que tratamos de inculcarles: que el estudio y el esfuerzo dan resultado», agrega sor Francisca García, responsable de la residencia de Leganés.
¿Qué es lo que necesitan los menores tutelados? «Referentes que les lleven por el camino adecuado. Vienen de situaciones caóticas y sólo miran el momento, son muy influenciables», indica José Miguel, que encontró en Chema, uno de sus maestros, el modelo. ¿Lo más difícil de su labor? «Obtener resultados», concluye este futuro físico o ingeniero.
Beatriz, que convive con una gran familia compuesta por 16 chavales de 8 a 16 años, está aprendiendo «a relacionar qué hay detrás de los malos tratos, del alcoholismo o de la violencia que sufren los padres y por qué sus hijos se comportan como lo hacen, la base del trabajo social». Esta joven, que dice que lo más difícil es que no puede desconectar, aspira a acabar la carrera en el centro porque «este trabajo engancha».
Son los hermanos mayores o unos referentes para los menores tutelados de las residencias donde viven. Están becados por la Consejería de Familia y, a cambio de ayudar a los pequeños, tienen techo y comida
José Miguel, de 19 años, estuvo tutelado hasta los 18 años en la residencia en la que ahora ayuda a los chavales a hacer los deberes

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