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El cerco se estrecha en torno a los responsables de la mayor estafa del siglo y de la peor crisis económica desde la Gran Depresión. El juez que investiga a Bernard Madoff decidirá esta semana si ordena su inmediato ingreso en prisión por intentar escamotear los bienes que aún le quedan, congelados por orden del Gobierno. A su vez el Congreso quiere tomar en sus propias manos la investigación del caso Madoff y la reforma de la Comisión del Mercado de Valores, la SEC.
Los misterios del caso Madoff son tan grandes que es fácil perder el hilo del sentido común. Si ya pareció raro que sus dos hijos, Mark y Andrew, no tuvieran ni idea del fraude después de trabajar toda la vida en su empresa, ahora además hay que creerse que tras denunciar los hijos al padre ante el FBI, éste les mandara regalos de Navidad por 1 millón de dólares.
A tanto ascienden los «detallitos» (joyas, relojes de lujo, etc.) que Bernard Madoff y su esposa despacharon por correo ordinario no sólo a sus hijos sino al hermano, Peter Madoff, y a un matrimonio amigo de Nueva York. Por supuesto los Madoff niegan haber tratado de poner a salvo parte de su riqueza, inmovilizada por orden del Gobierno para hacer frente a las reclamaciones de las víctimas de la estafa. Aseguran que mandaron regalos sin mala intención y que cuando se lo dijeron a su abogado y éste puso el grito en el cielo se lanzaron raudos a recuperarlos. Pero más raudos habían sido aún sus hijos que, por segunda vez, habrían denunciado a su progenitor ante el FBI. Como resultado, el fiscal solicita al juez que se acaben las contemplaciones y se le meta ya en la cárcel.
Los hijos delatores
Se supone que los hijos de Madoff no se hablan con su padre. Aún así sorprende la frialdad con que le delatan, casi tanto como que estando así las cosas el padre les elija como destinatarios de los bienes que intenta preservar. A pesar de todo ni Mark ni Andrew Madoff han sido por ahora acusados de nada. Si alguien está maniobrando para mantener a los hijos a salvo de la caída del padre, su estrategia es un éxito. Nadie sabe hasta qué punto colabora Madoff con la Justicia o juega con ella. Sí se sabe que se niega a colaborar con el Congreso. No ha querido testificar ante la subcomisión de Mercados de Capitales que ha empezado sus audiencias para esclarecer el triste papel de la SEC en este caso o en su nula prevención de las hipotecas subprime.
El auditor jefe de la SEC, David Kotz, prometió llevar la investigación más lejos de lo que le había pedido el presidente del organismo, Christopher Cox, haciendo pasar un tercer grado a Eric Swanson, ex oficial de la SEC casado con una sobrina de Madoff.
Se buscan desesperadamente culpables, manzanas podridas; y si no se encuentra ningún fallo, si todo ha funcionado más o menos normalmente, habrá que concluir que es el sistema entero el que no tiene salvación. Que el paciente no está enfermo sino muerto. Esa parece ser la conclusión a la que ya han llegado el látigo demócrata en el Senado, el presidente del comité bancario Christopher Dodd, y el republicano Richard Shelby. Ambos han abierto su investigación de la SEC y exigido toda la información y los archivos disponibles, el 22 de enero a lo más tardar.
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