El portero volvió a ser «extraterrestre» y contribuyó al triunfo con tres intervenciones de mucho mérito. Ha tenido que esperar hasta la jornada 17 para sumar dos partidos consecutivos sin recibir goles
Lunes, 05-01-09
El año pasado, Íker Casillas se llevó el Trofeo Zamora, que acredita al portero menos goleado de la Primera división española. Una imagen que no se repetirá esta temporada porque la sangría de goles se ha multiplicado por tres en la primera vuelta. Las facilidades defensivas, unidas al papel «terrestre» del portero, llegaron incluso a poner en duda la valía del capitán de la selección.
Siempre se dice que de los buenos no se puede dudar, salvo que se encuentren en la cuesta abajo de su carrera. Y Casillas aún no lo está. En un momento determinado se vio atrapado en la espiral negativa de resultados que azotaba al equipo, pero nunca rozó el suspenso. Siempre aprobado alto y tirando a bien porque la mayoría de los goles los ha recibido a quemarropa.
Alcanzó su mejor nota en el Camp Nou pese a la derrota. Y desde ahí, Casillas volvió a convertirse en extraterrestre. Como anoche. Frente al Villarreal hizo un par de intervenciones de mucho mérito. Una a tiro de Nihat y otra a Rossi cuando el Bernabéu sentía el azote del gol.
Sistema defensivo ajustado
También es cierto que el sistema defensivo está más ajustado desde la llegada de Juande Ramos. El equipo está más junto y ha dejado detalles de solidaridad. Sumando los dos conceptos, el Real Madrid ha logrado mantener la portería a cero dos partidos consecutivos, pero ha tenido que esperar hasta la jornada diecisiete. Lo ha hecho frente a dos rivales complicadísimos como son el Valencia y el Villarreal. Y pidiendo la hora al colegiado en ambos encuentros.
Demasiado tiempo para un equipo que aspira a pelear por la Liga. Para Juande Ramos dejar la portería a cero es la primera piedra para cimentar la posible remontada, aunque el Barcelona mantiene una cómoda renta sobre los perseguidores.
Pese a las últimas actuaciones, el portero del Real Madrid no ha percibido un cambio notorio. Prefiere hablar del colectivo por encima del trabajo individual. Y si Íker Casillas anda bien, el resto del equipo se contagia.




