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El primero de enero se producirá el relevo de Francia por la República Checa para ejercer el semestre de presidencia europea. El jefe del Estado francés, Nicolas Sarkozy, ha renunciado a pasar personalmente el testigo a su colega checo, Vaclav Klaus, cuya alergia a todo lo europeo es más que conocida. La UE cierra uno de los semestres más brillantes para adentrarse en un periodo de previsibles turbulencias. La visita de Klaus al Parlamento Europeo en febrero se perfila ya como un acontecimiento histórico, pero en el peor sentido.
El primer ministro checo, Mirek Topolanek, ha prometido que intentará atemperar las salidas de tono del presidente, pero ya ha advertido que colaborar en la ratificación del Tratado de Lisboa «no entra en mis prioridades». De hecho, el Parlamento checo no lo ha hecho todavía. Con la presidencia checa, la UE afronta una prueba inédita.
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