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Un terreno abrupto, muy quebradizo y con un espesor de niebla muy denso. Eso es lo que se encontraron ayer quienes peinan esta zona de la Sierra para dar con el joven José Carlos Marcos del Blanco, desaparecido hace 11 días en Manzanares el Real
Ocho y media de la mañana en el Collado de Quebrantaherraduras. Este punto de la Sierra es donde, cada mañana, el Grupo Especial de Rescate en Altura del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid (GERA) y la Guardia Civil se reúnen para planificar la jornada. Es su particular cuartel general. La coordinación corre a cargo de aquéllos y lo primero que se hace es estudiar lo recorrido el día anterior y establecer la ruta del día.
Decenas de efectivos componen el despliegue que se encarga de dar con el paradero de José Carlos Marcos del Blanco, el joven de 30 años vecino de Manzanares el Real del que nada se sabe desde el pasado día 20. Que esté en La Pedriza es una hipótesis más que una certidumbre. El último que lo vio fue un compañero de trabajo el viernes 19. El 22 y el 23 no se presentó a trabajar. El 24 le echaron de menos para la cena de Nochebuena. El 25, su madre interpuso la denuncia por su desaparición. Y el 26 empezó la búsqueda por parte de la Guardia Civil. El GERA se sumó al día siguiente, cuando fueron requeridos. Desde entonces, no paran de peinar la zona.
El dispositivo de la Benemérita lo componían ayer diez efectivos del Servicio de Rescate e Intervención en Montaña de Navacerrada (Sereim), además de la Unidad Canina del Instituto Armado. Del GERA son seis personas, además de dos agentes forestales y cinco voluntarios del Grupo de Montaña de Cruz Roja, así como familiares y amigos de Marcos.
Todos coinciden en que el joven, más que montañero, es excursionista. Y este es un dato relevante. ¿Por qué se busca en La Pedriza? Por un indicio. Tras ser denunciada su desaparición, la Guardia Civil entró en su domicilio de Manzanares. Sólo se echaron en falta unas botas de montaña, su mochila y un saco de dormir. Los teléfonos, la documentación y las tarjetas del banco seguían allí, y no se han realizado movimientos en sus cuentas corrientes. Tampoco hay nada raro en sus móviles ni en su ordenador.
Un sargento del Sereim de Navacerrada explica las rutas que están siguiendo: «Nos centramos primero en la que solía hacer con un amigo, que va desde Manzanares hasta la Pradera del Yelmo, que se llama la ruta Maeso. Es sobre donde estamos incidiendo».
Y se dividen en tres grupos de montaña, mientras que los perros se quedan en la parte de debajo. La búsqueda se hace por las sendas, pero especialmente en las zonas de mayor peligrosidad, que no son pocas. El terreno es muy quebradizo, la temperatura bajo cero, hay nieve y hielo, y desniveles de 15 o 20 metros. «Debajo de estos terrenos puede habitar una persona», indica el sargento.
A primera hora de la mañana de ayer, la niebla era muy densa. Los propios especialistas tienen que ir muy preparados, porque ellos también pueden ser víctimas del clima y de la orografía. El viento es criminal, «se mete por todas partes», indican. Por el camino, se cruzan con una docena de montañistas o senderistas. «Es una zona muy transitada; es raro que nadie le haya visto».
Y llega una noticia. Una trabajadora del puerto de Navacerrada dice que vio a un chico con las mismas características de José Carlos el domingo en el puerto. Iba con una mochila y un saco de dormir. La Guardia Civil recela no de la buena voluntad de la pista, pero sí de que sea correcta. Aun así, hoy peinarán Navacerrada y Fuenfría, por si consiguen algo.
Mientras, los familiares del desaparecido esperan noticias en la casa de Manzanares el Real. Pero la búsqueda, hasta que se vaya la luz natural, sigue. «Es la única manera de ir descartando zonas, aun sin saber si el chico se fue a La Pedriza». Dos helicópteros, de la Guardia Civil y de los Bomberos, rompen el silencio de la Sierra más abrupta, con una cota de 1.700 metros, de la Pedriza Posterior, donde se ha ampliado el perímetro de la búsqueda.
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