Lunes, 29-12-08
La colocación de deuda pública en el mercado sólo puede conseguirse con una subida de los intereses
Abría yo mis colaboraciones en ABC del año 2008 con una aparecida el 7 de enero que titulé «Jesús Santo, ¡qué principio!», a causa de los datos de que se disponía, justamente cuando en los medios oficiales se indicaba que estábamos en el mejor de los mundos. ¿Y qué decir cuando se ha cerrado el año? Repito mil veces que es preciso en economía ofrecer los detalles exactos. Por supuesto es imposible disponer de todos hasta este momento, pero sí es factible comenzar a hacer un diagnóstico de nuestra situación que, con el más benévolo de los juicios es, sencillamente, penosa.
Como nos han enseñado los grandes maestros que se inclinaron sobre nuestra economía -los Flores de Lemus, los Olariaga, los Perpiñá Grau, los Torres, los Fuentes Quintana- es el sector exterior el que nos indica si llegan impulsos o frenos para nuestro desarrollo. El panorama, en este sentido, sencillamente asusta.
En los doce meses que se cerraban en septiembre de 2008, el déficit de nuestra balanza comercial alcanzaba los 153.900 millones de dólares. La apuesta a un fuerte desarrollo a través de la demanda interior, con el corolario de una fuerte inmigración, empeora aún más este déficit si lo contemplamos con el de la balanza por cuenta corriente. En esos mismos meses alcanza los 165.900 millones de dólares. La única solución es aumentar, refinanciándola, la deuda exterior a corto plazo. Se estima que sobrepasa con largueza el billón de dólares, o incluso que supera el volumen de nuestro PIB. Pero esto complica la situación de los tipos de interés. El riesgo país, que el 14 de enero de 2008 se situaba en 15 puntos básicos, el 19 de diciembre de 2008 ha saltado a 85. Eso significa que la colocación de nuestra deuda pública en el mercado financiero sólo puede conseguirse con una subida clara de los intereses. Y eso, para algo tan seguro como el sector público. ¿Va a ser posible reducirlos para impulsar la recuperación del sector privado, o sea, de los consumidores y empresarios?
La ayuda no va a llegarnos, pues, por ese lado. Además por la prácticamente segura foralización de Cataluña y la búsqueda de compensación en las otras autonomías, más la disminución de los ingresos impositivos arrastrados por el descenso en la actividad y el aumento del gasto público, un muy fuerte déficit está en puertas. Ya en 2008, según señala Barea, experto evidente en estas cuestiones, alcanzará el 3,5% del PIB. El presupuesto aprobado para 2009 es una simple caricatura de lo que va a suceder. La financiación de la deuda pública así generada aumentará la dificultad de financiar al sector privado, porque tanto dentro como fuera de España, los recursos no son ilimitados. El talante del mercado lo tenemos en el comportamiento bursátil. El 17 de diciembre de 2008, respecto al 31 de diciembre de 2007, la de Madrid había caído un 41%. La inversa de este descenso es el aumento de los intereses.
Naturalmente, la demanda interior se ha derrumbado, mientras que la exterior, que depende esencialmente de la buena marcha de cinco economías que son las que van en cabeza para nuestras exportaciones: Francia, Alemania, Portugal, Gran Bretaña e Italia, observa con pánico evidente que las cinco tienen un panorama sombrío.
Todos los expertos pronostican que lograrán en 2009 crecimientos negativos en su PIB. Como simultáneamente no se observa ni una sola medida en España para mejorar nuestra competitividad, es evidente que la situación tenderá a empeorar aun más.
El corolario inmediato de todo esto es el derrumbamiento productivo. En comparación anual, en el mes de octubre de 2008, la producción industrial española cayó nada menos que en un 11,2%. La repercusión sobre el PIB es evidente. Nos encontramos ya en recesión, si seguimos su definición de acuerdo con lo señalado por el National Bureau of Economic Research: dos trimestres sucesivos de retroceso en el PIB. En el tercer trimestre de 2008, el crecimiento intertrimestral fue del -0,2%. Como la población española aumenta en el periodo, la caída del PIB por habitante, por fuerza ha sido aun mayor. Y la resultante final es un incremento con fuerza del desempleo. Con nuestro 12,8% de tasa de paro en octubre de 2008 tenemos el dudoso privilegio de ostentar la mayor, después del 23,2% de África del sur, entre los 42 países que suponen algo en la economía del mundo.
El 29 de diciembre de 2003, titulaba mi artículo de ABC «Cierre del ejercicio y de una década». Era evidente que entonces no podía mantenerse el mismo modelo. Por ignorarlo, a partir de 2004 lo hemos hecho rematadamente mal en política económica. Si no rectificamos a fondo, muy a fondo, cuando concluyamos 2009 el balance aun será más penoso. Probablemente tanto que, como sucedió en Argentina en los años cuarenta y ahora mismo en Italia, no será posible imaginar mejoría alguna durante mucho tiempo.