Ya no será en marzo, sino probablemente en la segunda mitad de 2009 cuando empiece a crearse empleo en España. Al menos eso es lo que aseguró ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante el balance de fin de año, una fecha en la que suele mostrarse muy proclive a los pronósticos. Ocho días después de que anunciara a bombo y platillo que en marzo se crearía un «volumen estimable de empleo», el jefe del Ejecutivo volvió a corregirse a sí mismo otra vez y, después de afirmar que lo que más preocupa al Gobierno «es el empleo» y que «el desempleo es el efecto más pernicioso de la crisis», pronosticó que «tenemos la esperanza razonable de que a partir de la segunda mitad de 2009, el horizonte será algo más favorable».
Como si alguien lo siguiera dudando, Zapatero afirmó que «los ciudadanos deben saber que estamos viviendo los momentos más difíciles de la crisis» (después, dijo que «todavía no ha llegado al momento más duro») y que «2009 va a ser un año difícil», pero «vamos a salir adelante» porque «la recuperación económica es nuestro único horizonte». «La tempestad es fuerte, pero ahora tenemos un barco sólido que conoce bien su rumbo», afirmó, y agregó: «Confiar en España no es optimismo, es realismo».
Ante este sombrío panorama, se le preguntó si mantenía su compromiso electoral de lograr el «pleno empleo» en la legislatura, y Rodríguez Zapatero aseguró que esa aspiración «es un objetivo político, no un compromiso, pues no se puede lograr por decreto». «¿Pero cree que va a ser posible?», insistió la periodista. «Vamos a pelear por ello», respondió el presidente del Gobierno, ajeno por completo a la descripción de la crisis económica que acababa de hacer.
Sin recorte social
Insistió el presidente del Gobierno en las medidas que ha adoptado el Ejecutivo y en que no se hará frente a la crisis económica desde «el recorte social», sino aumentando las ayudas sociales para que «ninguna persona se quede desprotegida». «Tengo que rechazar algunas recetas anticrisis», dijo, como las que proponen reducciones de salarios, despidos más baratos o contención del gasto. Por el contrario, «todos nuestros compromisos siguen en pie», aseveró.
También habló Zapatero del nuevo modelo de financiación autonómica que está negociando con los presidentes de las Comunidades y que «es probable» que esté listo antes de fin de año (antes no tenía dudas). Un modelo que, en principio, satisface a todos los dirigentes autonómicos, pues a todos se les han prometido más fondos, pero que aún no se sabe -el presidente del Gobierno tampoco lo aclaró- de dónde procederán los recursos. Lo que sí dejó claro el jefe del Ejecutivo es que el modelo será «equitativo», que tendrá en cuenta «circunstancias singulares» y que el reparto se hará con «criterios innovadores».
«Residan donde residan»
Según Zapatero, «todos los españoles tendrán una financiación de recursos públicos igual, residan donde residan». No obstante, la financiación estimulará «a las Comunidades autónomas que generen más crecimiento económico», así como a las que hayan experimentado un crecimiento de población. También es probable que se compense a las Comunidades con lenguas cooficiales, por el gasto que conlleva su enseñanza. Unos criterios que, en definitiva, podrían perjudicar a Comunidades como Extremadura, las dos Castillas y Asturias, entre otras.
Según el jefe del Ejecutivo, el nuevo sistema de financiación autonómica también contribuirá a aliviar los efectos de la crisis, ya que las Comunidades Autónomas tendrán más recursos y más margen de actuación, y como el 70 por ciento de sus fondos los destinan a Educación y Sanidad, ello redundará en una mejora del Estado de bienestar.
En el balance del año, Zapatero también habló de la lucha antiterrorista y aseguró que «la democracia ha dado tres oportunidades a ETA (de negociar) y las ha desperdiciado. Ya no habrá más». Reconoció que la banda terrorista «aún puede matar, pero ya no puede hacer más que matar vilmente», y agregó que «todos los terroristas seguirán el mismo camino que los dirigentes que han sido detenidos y encarcelados en los últimos meses».
Respecto a la acción exterior, que el propio Zapatero calificó de «intensa», pronosticó una buena relación con el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, consideró «probables» los viajes a Cuba, Oriente Próximo y África, y descartó el aumento de tropas en Afganistán. A donde sí se enviarán más efectivos será a Somalia, para proteger de los ataques piratas a los buques que faenan en el Índico, aseguró.
El presidente del Gobierno también manifestó su intención de recuperar el diálogo para renovar el Tribunal Constitucional en un tiempo razonable y precisó que de esta cuestión estuvo hablando con el presidente del PP, Mariano Rajoy. Zapatero reconoció que se ha producido «un frenazo» y que hay «algún escollo», pero no quiso concretar más para no perjudicar un posible acuerdo.
Invitado a hacer «un poco de autocrítica», después de presentar el balance, tampoco quiso el presidente del Gobierno reconocer ningún fallo, pues dijo que podría sonar a «impostura» y que para ello ya está la oposición y la prensa.


