A la espera de la anunciada operación militar israelí que podría desencadenarse en cualquier momento, la tragedia golpeó ayer Gaza, y lo hizo a cuenta de un cohete casero palestino. Uno de los erráticos proyectiles artesanales fabricados con nitratos y TNT por las milicias para ser disparados contra Israel se desviaba en su trayectoria y, a primera hora de la tarde, caía en la casa de la familia Abu Khusa, en Beit Lahia, al norte de la Franja, matando a dos hermanas de 5 y 13 años. El jefe de los Servicios de Urgencia en Gaza, Moawiya Hasanin, confirmaba que otros cuatro civiles resultaron heridos en el mismo incidente.
El fatal Kassam hacía ayer el numero 25 de los disparados por los combatientes palestinos entre el jueves por la noche y el viernes a suelo de Israel, donde no causaron daños. La salva, no obstante, espoleaba los ánimos en el Gobierno judío y se daba a conocer que el primer ministro, Ehud Olmert, llevará a cabo consultas mañana con su equipo de seguridad para ultimar las coordenadas del ataque contra los radicales.
Según fuentes oficiales, está pendiente decidir el momento y la fuerza a emplear, junto a lo cual se discutirán dos cuestiones: cómo compatibilizar la operación contra Hamás con la ayuda humanitaria, y la forma de recabar el apoyo de la comunidad internacional.
En atención a estas preocupaciones, Israel permitía ayer el paso de 90 camiones con «productos vitales» -alimento y combustible- a Gaza, en una puntual apertura de fronteras, que podría también contribuir a aliviar la tensión con los islamistas.
Egipto ya ha reforzado su frontera con la Franja en previsión de una escalada, y ayer envió a su jefe de Inteligencia y eterno mediador, Omar Suleiman, a hacer un último llamamiento a la cordura a Hamás.

