Viernes, 26-12-08
AP
Un militar alemán de la ONU y soldados libaneses con uno de los misiles encontrados en Teir Harfa
ANÁLISIS
La demostración de fuerza de Hamás en el acto público con el que celebró su 21 aniversario el pasado 14 de diciembre, y las declaraciones amenazadoras de sus líderes en Gaza y Damasco, culminaron con la cancelación del alto el fuego de seis meses («tahidyeh») con Israel. Esto contrasta con la falta de decisión y liderazgo por parte de Israel, que actúa siguiendo las reglas del juego impuestas por Hamas.
Según los medios de comunicación israelíes, el ministro de Defensa, Ehud Barak, es el principal responsable -¿con la ayuda del jefe del Estado Mayor, general Gadi Ashkenazi?- de la actual estrategia israelí, que lucha por la prolongación del «tahidyeh». En opinión de este autor, el principal objetivo estratégico para Israel debería ser impedir la creciente fuerza militar y política de Hamas y destruir el control exclusivo que ejerce esta organización sobre la Franja de Gaza. Alcanzar este objetivo tiene importantes implicaciones locales y regionales.
Es crítico detener el bombardeo de ciudadanos en el sur de Israel, desde Sderot a Ashkelon, Ashdod o Beeer Sheva, y que amenazan también Tel Aviv o el aeropuerto internacional Ben Gurion. Debe quedar clarísimo para toda persona razonable en Israel, la Autoridad Nacional Palestina y la comunidad internacional que el control de Gaza por Hamás frustrará cualquier acuerdo de paz entre Israel y los palestinos, y amenazará el gobierno de los moderados en Cisjordania, incluso en la hipótesis de que se alcanzara algún tipo de solución con Abu Mazen. El fortalecimiento político de Hamas amenaza también la estabilidad de los dos países árabes moderados en paz con Israel -Egipto y Jordania-, al estimular a sus movimientos islamistas radicales. Además, Hamas es un aliado estratégico de Irán y podría ayudar militarmente a Teherán en caso de un ataque israelí o estadounidense a instalaciones del programa nuclear iraní.
Para alcanzar su objetivo estratégico, Israel debería cortar el conducto del oxígeno -los túneles por los que se abastecen de armas anticarro y cohetes- mediante la reocupación y ampliación de la ruta Filadelfia en la frontera con Egipto.
Es importante acosar sin cese a los líderes políticos y militares de Hamás (responsables del bombardeo de civiles y de los atentados suicidas) para interrumpir sus estructuras de mando sobre las tropas y, en paralelo, intensificar la actividad contra los operadores y la infraestructura local. La presión sobre los líderes, acompañada de operaciones de comando para hacer prisioneros de importancia, podría ayudar a la liberación de nuestro soldado Gilad Shalit e impedir el alza actual de su precio.
Es importante atacar también las herramientas de propaganda de Hamás -la televisión, cadenas de radio, prensa e imprentas-, que diseminan una cultura de odio hacia israelíes y judíos. Es imprescindible, al mismo tiempo, mejorar el diálogo de la prensa israelí con la población palestina, incluyendo el recurso a llamamientos directos de líderes israelíes.
Esta estrategia militar debería ir acompañada por una política más abierta con respecto a la población civil, abasteciéndola de gas, electricidad, medicina, alimento y bienes que no ayuden a la expansión de Hamás.
Instituto
Antiterrorista
de Herzlyia (ITC)

