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Viernes, 26-12-08
El mundo entero vive inmerso en una crisis «de confianza» sin precedentes, fruto de la codicia, el engaño y la mentira. Asistimos atónitos a rescates financieros multimillonarios, a ayudas a bancos que hasta no hace mucho presumían de sus cuentas de resultados. «El Estado acude», dicen los políticos en todos los idiomas que se hablan en este mundo globalizado, cuando deberían decir «los ciudadanos rescatan».
Mientras determinados organismos internacionales se dedican a hacer de futurólogos con sus cambiantes previsiones, los políticos ayudan, con el dinero de nuestros impuestos, a quienes rentabilizaban el que nos quedaba después de cumplir con nuestras obligaciones tributarias. Hombres sin escrúpulos que se han llenado los bolsillos con grandes estafas que se sostenían gracias a «la confianza», a la ingenuidad y, por qué no decirlo, al «no pregunto, no me interesa» de muchos ciudadanos que se han beneficiado del engaño, son ahora protagonistas principales de una debacle que sobrepasa a los gobiernos de todo el mundo a la hora de encontrar una solución a corto plazo, a esos gobiernos formados por hombres que alcanzan el poder gracias a la confianza que también depositamos en ellos.
La mentira, que tantos beneficios ha reportado a algunos, pero que tanto daño está causando tras ser descubierta, está tan presente en nuestras vidas que si hiciésemos una lista enumerando las veces que se manifiesta acabaríamos quemándola simplemente por la vergüenza que sentiríamos el leerla. Cierto es que no hay que generalizar nunca, porque de todo hay «en la viña del Señor», pero es difícil no hacerlo cuando uno se refiere a estos «empresarios» del engaño que tanto han abusado de la confianza de todos los ciudadanos.
Alberto Ríos Mosteiro
Madrid
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