El cardenal del cambio, monseñor Tarancón, fue el primer socio de Mensajeros y quien animó al padre Ángel a crear una ONG laica. «Así tendrás más libertad», le dijo. Hoy vuelve a él y a su pastoral «El pan nuestro», vigente como en 1950
Ángel García (Mieres, 1937).
Fundó Mensajeros de la Paz en 1972, ONG que hoy trabaja en cuatro continentes en pro de los desheredados del mundo. Pasó la Navidad en la Línea de la Concepción, junto a los supervivientes de las pateras; ahora reza para que los Reyes Magos no olviden a «sus» ancianos (mensajerosdelapaz.com)
Fundó Mensajeros de la Paz en 1972, ONG que hoy trabaja en cuatro continentes en pro de los desheredados del mundo. Pasó la Navidad en la Línea de la Concepción, junto a los supervivientes de las pateras; ahora reza para que los Reyes Magos no olviden a «sus» ancianos (mensajerosdelapaz.com)
Actualizado Viernes, 26-12-08 a las 16:32
—A don Vicente aquella carta le costó 15 años de «destierro episcopal». Escribió «no podemos callar por más tiempo» ante la pobreza de los trabajadores. Hoy, 58 años después, muchos no tienen qué comer.
—Hoy falta el pan y, en algunos lugares como Irak, la seguridad. Aquí estamos pendientes del pan, y en otros sitios los niños no tienen brazos ni piernas.
—En España pensábamos que estaba superado y, ya ve, hay colas para un plato caliente.
—Cierto; sin embargo, no hay que pensar como decía Tarancón que son las siete plagas y que la culpa es de lo cíclico, sino que es responsabilidad de los hombres.
—¿También cree que nos lo merecíamos?
—No. Y tampoco podemos echar la culpa a Dios. Hay unos responsables que son nuestros dirigentes, en los que hemos confiado y a los que les damos el voto para que nos hagan la vida más fácil.
—Nada cambia, todo evoluciona. ¿Qué es ser pobre hoy?
—Sentirse solo, no querido, es la mayor pobreza. Se puede vivir sin techo y casi sin pan, pero no sin cariño. Hay mucha gente que ansía más compañía que turrón.
—¿Y ser viejo?
—Sentirse acabado, sin futuro; no tener a quien querer ni nadie que te quiera. Ahora hay pocos viejos, porque los que son mayores y sueñan no lo son.
—Ni viejos ni muertos. Estamos bajo la dictadura de la belleza, la juventud y el éxito.
—Hemos cambiado los valores. Porque ser viejo es un valor inmenso y me emociona oír al que tiene 80 o 90 años, o yo mismo que tengo 71, darle gracias a Dios.
—¿Añora las Navidades de antaño?
—Echo de menos los besos y abrazos de la gente, que ahora no se valoran. Cuando veo a un niño besar a un viejo, que coge una pepona o una pelota de trapo y la abraza, es rico. Rico es el que de verdad tiene con quien compartir algo. Echo de menos el ser feliz porque veo niños sin piernas o que se me mueren porque no tienen pan o agua potable; y echo de más el estar rodeado de tantas Teresa de Calcuta, Juno, Vicente Ferrer, o esos Jesús Neira o Juan Cortés, que son nuestros santos de ahora. Nunca hubo tanta gente buena y luchadora como ellos.
—¿Qué piden sus mayores al Rey Mago?
—Han escrito cartas preciosas, algunas sobrecogedoras. Dicen, por ejemplo: «Cuando era niño, como era pobre, los Reyes no me traían nada, y ahora que soy mayor creen que soy tonto y tampoco me lo traen». Piden una bufanda, un bolígrafo, un corte de pelo... Mi madre tampoco fue nunca a la peluquería. No piden la luna y las estrellas; piden zapatillas con una borla o un paquete de tabaco Rex.
—¿Y usted qué ha pedido?
—Pues nada de generalidades como «mucha paz». No, no. He pedido lo que pide una madre: que le curen al hijo enfermo, a esos niños que hoy no tienen solución médica. Y, como cosa material, un llavero moderno para no perder las llaves, y si tiene luz y micrófono, mejor.
—Me impresiona la cuna que hay junto a su despacho para que las madres dejen allí a sus hijos y no los tiren a la basura.
—Esa cuna ha servido para concienciar a la gente, y sobre todo a las mamás. Hay pocas mamás que quieran tirar a su hijo a la basura si las miras a los ojos y les dices que puedes mantener al niño o ayudarla para que lo tenga ella. En el mismo corazón del barrio madrileño de Lavapiés hay una casa cuna donde tenemos 20 niños de mamás que no han necesitado abortar ni deshacerse de ellos. Y por eso algunos nos critican; dicen que es un crimen amparar a la mamá que no quiere tener a su hijo; yo digo que lo es abandonarla.
—El mundo al revés.
—Pero hay unos cuantos que estamos al derecho, que no de derechas.
—No entremos en política, por favor.
—¡Pero si en política ya no existen ni las derechas ni las izquierdas!, gracias a Dios. Sólo hay hombres buenos y menos buenos; muchos malos, tampoco, que son enfermos. Yo no encontré a nadie malo, sino a tipos equivocados como Bush, pero que al menos piden perdón y se arrepienten, aunque sea tarde.


