Traducción de José Ramón Monreal. Ilustraciones de Ana Juan. Narrativa. Guy de Maupassant. Mondadori (2008, Barcelona). 1261 páginas
Actualizado Martes, 23-12-08 a las 15:57
Se ha hablado largo y tendido de Guy de Maupassant como el máximo exponente del cuento naturalista. Sus narraciones con la guerra francoprusiana como telón de fondo, sus historias sobre la miseria de los campesinos normandos o sus relatos de los crápulas que habitaban el París más sórdido le han llevado a figurar en todos los manuales de literatura y en algunos de los de estilo. Generaciones enteras de cuentistas han tomado como referencia los relatos naturalistas de Maupassant y su impacto en la literatura occidental ha sido muy considerable. 
Pero ese Maupassant, el de «Bola de Sebo», el de la prosa precisa y aséptica, sin concesiones a la imaginación y con esa actitud militante por la objetividad, el que tantos éxitos le reportó en vida y el que siempre sale en las antologías, es sólo una cara de la moneda. Y quizás la menos atractiva para el lector de hoy en día.
Los antólogos se han olvidado casi siempre del Maupassant fantástico y de terror, que coincide con la última etapa de su vida. «De La noche», «La cabellera», «¿Quién sabe?» o «El Horla». Una sífilis contraída en la juventud, un par de fracasos amorosos y una obsesión enfermiza con la muerte, colocaron a una de las cabezas mejor amuebladas de su siglo frente a un abismo de horror y locura.

Efusiones morbosas de un cerebro realistaEl autor estandarte de la sobriedad narrativa y los argumentos cotidianos, de repente llena sus páginas de exclamaciones histéricas, preguntas retóricas y elementos sobrenaturales. Como dijo HP Lovecraft estos cuentos son «efusiones morbosas de un cerebro realista en estado patológico (…) Sugieren con fuerza maravillosa la inminencia de unos terrores indecibles, y el acoso implacable al que se ve sometido un desdichado por parte de espantosos y terribles representantes de las negruras exteriores».
Por eso, «Cuentos Esenciales» (Mondadori) es mucho más que una simple antología de relatos de Maupassant. Al estar ordenados cronológicamente, documentan un fascinante viaje: el que conduce a una mente preclara y analítica hacia la demencia y el suicidio. Desde un Chejov sin sentido del humor (el más conocido) hasta un Poe trastornado con muchísimo más oficio en la pluma (por conocer).
Ni por sus dimensiones casi bíblicas (1260 páginas) ni por todo lo expuesto anteriormente «Cuentos esenciales» es un libro fácil ni cómodo. Una integral de los relatos de Maupassant no parece que vaya a estar nunca en la lista de los libros más vendidos. En cambio, la exquisita edición, con traducción de José Ramón Monreal y las preciosas ilustraciones de Ana Juan que mezclan el naive con la ambientación gótica, sí son un poderoso reclamo para los fans de Maupassant, que nunca habían tenido la oportunidad de ver reunidos en un solo volumen todos los cuentos del autor. O incluso para el lector con un mínimo de inquietudes y que quiera sumergirse en el mundo creativo (claro al principio, atormentado al final) de uno de los mejores prosistas del siglo XIX.

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