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Lunes, 22-12-08
Los alborotadores, anarquistas y gamberros que llevan más de dos semanas desafiando la ley en Atenas y otras ciudades griegas esperaban poder extender a otros países europeos su movimiento destructor, pero, sin nada que ofrecer más que violencia y una expresión desesperada de destrucción, sus convocatorias han tenido un eco insignificante. Para una inmensa mayoría de los propios griegos, no es aceptable la actitud de unos encapuchados empeñados en mantener a las fuerzas del orden en jaque, a causa de un lamentable suceso -la muerte de un adolescente por disparos de la Policía- registrado el pasado 6 de diciembre. Después de lo que han hecho, los alborotadores han perdido toda legitimidad para abanderar ninguna reivindicación. Pero lo que sucede en Grecia tampoco es irrelevante: la crisis económica puede favorecer en cualquier momento este tipo de reacciones, y las autoridades harían bien en prevenirlas.
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