«Cluster» es la palabra de moda. Los franceses la traducen como «pôle de compétitivité» (polo de competitividad). Vertida literalmente del inglés significa «racimo», como un racimo de bananas. Este vocablo es un término técnico adoptado por la comunidad científica para designar una zona geográfica de aproximadamente 50 kilómetros de radio, en la que se instalan muchas empresas que crean «sinergias», como también se dice en el lenguaje técnico, y se convierten al final en un referente de excelencia.
«Los `clusters´ existen por lo menos desde el Neolítico» ha afirmado recientemente, Antoni Subirà, profesor de Dirección Financiera en el IESE durante la conferencia «Europa INNOVA» celebrada en Lyon con el patrocinio de la Unión Europea. Subirà no quería «tener razón» durante su conferencia, pero tampoco quería ser tan políticamente correcto que, al final, el evento se transformara en una concatenación de lugares comunes.
Repartidos por el mundo
«¿Hay `clusters´ en España?», le pregunto al profesor Subirà. «Por supuesto», contesta, y para que se vea que no es casero, que no hace falta referirse a su región catalana de origen, cita a Béjar y alude al sector textil allí asentado. Además, pone ejemplos de la abundancia de los «clusters» en el mundo. Ejemplos: en el campo médico, esta misma zona de Lyon, con Sanofis como una de sus grandes multinacionales. Más conocido a escala mundial es el Silicon Valley, metonimia de máxima calidad en el sector de la alta tecnología. Subirà, nacido en Mataró hace 68 años centra bien los problemas, llama a las cosas por su nombre y al final termina instalándose, por méritos propios, en la nómina de estrellas del pensamiento sobre innovación empresarial.
Alarmas «made in Subirà» son algunas de las siguientes: «Cuidado, se están burocratizando los `clusters´». «Cuidado, que los gobiernos se pueden cargar los `clusters´». «Cuidado, que no se puede generar un `cluster´ así, sin más». «Cuidado, que los subsidios son como la heroína». Su diagnóstico coincide en gran medida con el del otro gran ponente en Europa INNOVA, el profesor Eric von Hippel, del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
Acelerar la innovación
Hace dos años, INNOVA tuvo lugar en Valencia. El lema era «Los `cluster´ como motores de la innovación en Europa». En Lyon se pretendía que el raciocinio fuera más sobre cómo acelerar la innovación.
El profesor Von Hippel, a este respecto, insistió en que la innovación no es necesariamente cara, que actualmente se pueden conseguir logros importantes de forma fácil con un simple ordenador, y que hay que contar con los usuarios, que son, con frecuencia, los que más y mejor pueden innovar.
El botón de muestra con que ilustró sus palabras procede precisamente del mundo de los medios de comunicación. Los usuarios los están transformando. Citó los blogs y las diversas comunidades de internet dedicadas a asuntos específicos, que pueden ser muy enriquecedoras. No hace falta, pues, asociar innovación a descomunales experimentos para desenmascarar partículas elementales o a costosísimos aparatos médicos.
Fuera miedos
Y es que, como recordó Françoise Le Bail, la alta funcionaria de Bruselas para pymes y política de innovación, en estos momentos de crudeza económica, en los que se piensa en recortes, en los que se extiende la simplista tentación de echarle la culpa de todo a los especuladores y a la globalización, «la innovación es parte de la solución, no del problema», a la innovación «no hay que tenerle miedo».
Habría que aplaudir a la Unión Europea si, efectivamente, como dijo la señora Le Bail, tiende a «facilitar la vida de las pymes», pues «sólo el 8% de las empresas de la UE se aprovechan del mercado común». Las nuevas fuentes de energía, el envejecimiento y los servicios que generan, los cambios demográficos..., son negocios vastos donde aplicar el ingenio. EE UU y Japón van a la cabeza. China está gastando sumas enormes en investigación y desarrollo. En Europa, Alemania y Suiza son los más eficientes a la hora de aplicar la innovación.
Competitividad
Predicar con el ejemplo
En muchas legislaciones europeas, a los profesores de escuelas de dirección de Empresas se les prohíbe que creen sus propias sociedades. Es justo lo contrario de lo que impera en los Estados Unidos, por ejemplo, en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), como señaló el profesor Eric von Hippel. Convendría que se tuviera en cuenta en nuestro continente, y que lo tenga en cuenta también el recién creado Institute of Innovation and Technology, que echó a andar en septiembre de este año y que pretende llegar a ser la réplica de la UE al MIT. Europa necesita a maestros que prediquen con el ejemplo, en cualquier escala, también en la de creación de empresas. Lo resaltó la empresaria Karin Bryske: «No necesitamos consultores, sino gente que haya hecho el viaje».
La innovación tampoco será si la educación se estanca y se ahoga en la baja calidad. Si las Universidades desconocen su misión. Si permanecen ajenas a la sociedad y a las necesidades de la sociedad. Si se transforman en una suerte de entes endogámicos de gentes mediocres y sin iniciativa. Algo que también se recordó en Lyon.