Presos de los propios presos
Domingo, 21-12-08
ABC
Los familiares recuerdan que las leyes indican que el preso debe estar encarcelado cerca de su lugar de origen
POR TERE COELLO
SANTA CRUZ. «Estamos cumpliendo condena en libertad. Nosotros muchas veces nos sentimos tratados como presos y, sin embargo, no hemos sido ni acusados ni condenados por nada... Nos condena, fundamentalmente, la sociedad.» De esta manera se expresa una familiar de un recluso de la prisión Tenerife II.
En muchas ocasiones, los familiares andan con la cabeza a gachas, ocultando que tienen a un esposo, a un hijo o a un hermano en la cárcel. Por lo general, estos núcleos familiares tienden a sentirse solos, aislados. Por ello, este colectivo social ha sentido la necesidad de constituirse en asociación.
Hace poco más de dos meses nació formalmente la primera Asociación de familiares de presos de Tenerife, que se ha marcado como objetivo colaborar en la reinserción social de sus parientes y paliar los efectos que produce la vida sin libertad. Se sienten obligadas a dar apoyo al marido, hijo o hermano que se encuentra recluido, saben que tienen mucha responsabilidad en la vida de los presos y que su tiempo y dedicación es fundamental para que sobrevivan, tanto moral como psicológicamente, a la realidad que les rodea. Son ellos quienes les mantienen unidos a la vida de verdad, a la de la calle a la que un día van a volver. Este apoyo indispensable se materializa en las visitas de cada semana o de cada mes, en las cartas y en las llamadas de teléfono.
Los centros penitenciarios fueron creados con la idea que sirvieran para reinsertar a quienes delinquen antes de su regreso a la convivencia en sociedad. Pero desde la Asociación de familiares de presos de Tenerife consideran que este objetivo «no se consigue», puesto que en algunos casos, el interno sale en peores condiciones de las que entra. La mente no resiste esos cambios y, en el caso de los drogodependencias, el preso no se rehabilita y una vez en libertad, vuelve a delinquir.
«Entran a prisión por circunstancias relacionadas con su dependencia; drogarse todos los días cuesta mucho dinero y roban para conseguir la droga o trafican con ella para asegurarse su dosis. Si caen en la cárcel no se rehabilitan y siguen consumiendo; cuando salen tienen el mismo problema por el que entraron, siguen siendo drogodependientes. Vuelven a robar y vuelven a prisión. Un círculo vicioso que no tiene salida», dice la madre de un preso.
Es un círculo complicado de romper, porque el sistema es muy complejo. Son muchos los obstáculos y muchas y diversas las circunstancias que hay que flanquear. En determinadas condiciones la penitenciaría no ayuda y otras veces el propio preso no quiere rehabilitarse. «Hay muchos agentes implicados y esto dificulta la ruptura de este círculo. Como familiares, queremos aportar nuestro granito de arena y que cuando salgan a la calle, a la vida, no se repita la historia: no queremos volver a ver a nuestros hijos o maridos, semana tras semana, a través de un cristal».
La cercanía geográfica
Ocho de cada diez presos reciben visitas de sus familiares cuando la cárcel en la que cumplen condena está ubicada en la misma provincia. Estas visitas disminuyen considerablemente cuando se produce el traslado de internos de centros de Canarias a otras cárceles, en la Península. A muchos familiares de los reclusos les resulta imposible pagarse el viaje fuera de la isla para hacer estas visitas con asiduidad.
Teniendo en cuenta la Ley Orgánica Penitenciaria que aconseja que los prisioneros estén cerca de sus familias cumpliendo la condena, algunos reclusos que se encuentran alejados tendrán más difícil su reinserción en la sociedad y, como primera consecuencia, no podrán disfrutar de permisos de salida. Este tipo de permiso es fundamental para que el preso se ponga en contacto, paulatinamente, con los entresijos del día a día en situación de libertad. Estas personas que cumplen condena están sometidas a un régimen de control, están siendo dirigidas continuamente en horario y hábitos, con normas y obligaciones marcadas por la rigidez del sistema penitenciario. Psicológicamente podrían sentirse afectadas si de repente tienen que depender de sí mismos y autocontrolarse en el exterior.
El primer permiso de salida es de tres días, superado satisfactoriamente este, disfrutan de otro de cuatro días y así sucesivamente van siendo valorados por los responsables penitenciarios hasta llegar al tercer grado en el que quedan en situación de semilibertad, por el día trabajan o estudian y por la noche duermen en un centro de reinserción.
Para que se les conceda el permiso de salida, fundamental para irse amoldando a la sociedad, los presos deben tener un domicilio familiar donde se les tenga controlados, nunca se les dará un permiso para irse a un hotel. A esta opción no tendrían derecho los presos que se encuentran alejados de sus parientes, «con lo cual, aparte del trauma por no poder ver a sus familias, la persona encarcelado sufre la merma de un derecho que contempla La Ley, el derecho a la libertad progresiva, a ir saliendo poco a poco de prisión», comentaba la esposa de un preso.
En la mayor parte de los casos los reclusos son maridos o padres de hijos que se quedan fuera, son cabezas de una familia que ha quedado en situación precaria. Desde la Asociación de familiares de presos de Tenerife, teniendo en cuenta la situación económica de un altísimo porcentaje de núcleos familiares de presos de Tenerife II, se han implicado en ofrecer información de todas aquellas ayudas a las que se tiene derecho, no por ser familiares de presos sino por estar en condiciones de necesidad.
«La vida no es fácil ni para los que cumplen condena en prisión, ni para sus familiares que se sienten presos en libertad», dicen desde la asociación. Son muchos los canarios, que en estas circunstancias, están en una u otra mitad del problema.

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