La presentación ayer en Marruecos del primer informe de Humans Rights Watch (HRW) sobre el Sahara Occidental y los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia) desde 1995 levantó mucha expectación. Las autoridades del reino hacía días que habían recibido el documento y no pusieron impedimentos para que se celebrara el acto en un hotel de la capital.
Asistieron periodistas, las presidentas de las dos organizaciones humanitarias con más peso en el país magrebí, asociaciones de marroquíes que consideran como propia la ex colonia y hasta Mohamed Moutawakil, uno de los más conocidos activistas de derechos humanos saharauis y perfecto conocedor de la Cárcel Negra de El Aaiún.
En el texto, de más de doscientas páginas, HRW reparte críticas y recomendaciones a todas las partes e insiste en que su trabajo se lleva a cabo independientemente del conflicto político.
Continúa en Marruecos la prohibición de manifestaciones pacíficas a favor de la independencia
Sorprende, de entre todas las propuestas, la que la organización estadounidense envía a Naciones Unidas. La Misión de la ONU para el Sahara Occidental (Minurso) lleva sobre el terreno desde 1991, pero su mandato, centrado en el alto el fuego, le impide pronunciarse sobre los derechos humanos.
La ONU tiene que «ampliar el mandato de la Minurso para poder vigilar e informar sobre los derechos humanos en el Sahara y en los campos de refugiados administrados por el Polisario», reclama el informe de HRW. Con respecto a Marruecos, el documento destaca ciertos avances como el fin de las denominadas desapariciones forzadas por largos periodos de tiempo tan comunes en tiempos del rey Hasán II.
Difícil salir de Tinduf
Insiste sin embargo HRW en que «las autoridades siguen impidiendo la oposición a las tesis oficiales que consideran el Sahara como parte de Marruecos», y cualquier ataque a lo que consideran su «integridad territorial», lo que contraviene los tratados internacionales de los que Marruecos es firmante. En este sentido, añaden, el plan de autonomía presentado por Rabat en la ONU no prevé mejoras.
Destaca ciertos avances como el fin de las desapariciones forzadas de los tiempos del rey Hasán II
Siguen a la orden del día la prohibición de manifestaciones pacíficas a favor de la independencia o la autodeterminación, Rabat no reconoce asociaciones de derechos humanos que no apoyen sus tesis, continúan las agresiones, torturas y detenciones arbitrarias de activistas con plena impunidad, les obligan a firmar declaraciones policiales y los juicios no son justos. Dice Human Rights Watch, sin embargo, que los activistas saharauis son más libres ahora que hace 20 años.
En cuanto a la situación en los campamentos de refugiados en la provincia argelina de Tinduf, el informe señala que los derechos humanos están marcados por la cesión que Argel hace de su responsabilidad de gobernar los campamentos al Polisario, «un movimiento de liberación que no es formalmente responsable en cuanto a sus prácticas en derechos humanos». Esto es «inadmisible», señala HRW.
En los campamentos, además, no hay presos políticos pero tampoco organizaciones, medios de comunicación o plataformas de importancia que se opongan a las tesis de los dirigentes polisario.
Los habitantes de los campos que desean irse encuentran a menudo dificultades para hacerlo, y se han documentado algunas prácticas «residuales» de esclavitud contra la población negra, sobre todo consistentes en que un «señor» se crea en el derecho de autorizar el matrimonio de una joven.