La Casa Blanca facilitará 12.500 millones de euros, que saldrán del aprobado plan de rescate de Wall Street

Sábado, 20-12-08
En contra de sus propios instintos políticos y sin contar con el respaldo del Congreso, el presidente Bush se vio obligado ayer a tomar la iniciativa en el rescate de la arruinada industria del automóvil de Estados Unidos ofreciendo 12.500 millones de euros en préstamos de emergencia condicionados a una profunda reestructuración. Dinero público que saldrá del ya aprobado plan de rescate de Wall Street administrado por el Departamento del Tesoro.
Con este salvaguardia temporal, especialmente dirigida a General Motors y Chrysler al borde de la insolvencia, se espera que el sector del automóvil de Estados Unidos y sus tres millones de puestos de trabajo sobrevivan hasta el próximo 31 de marzo. Momento en el que la Administración Obama tendrá que determinar si las empresas rescatadas están cumpliendo con los términos de viabilidad requeridos por esta ayuda federal.
Circunstancias extraordinarias
En un discurso televisado antes de la apertura de la Bolsa de Nueva York, el presidente Bush indicó que bajo otras circunstancias hubiera dejado caer a los fabricantes de Detroit incapaces de competir por sus propias decisiones empresariales. Pero según el ocupante de la Casa Blanca hasta el próximo 20 de enero, la grave situación de la economía de Estados Unidos no le deja otra opción que intervenir: «Estamos ante circunstancias extraordinarias. En mitad de una crisis financiera y de una recesión, permitir el colapso de la industria del automóvil de Estados Unidos no es un responsable curso de acción».
Para esta iniciativa, el presidente Bush ha contado con el respaldo de su sucesor. Barack Obama ha calificado esta ayuda como «un paso necesario para evitar el colapso de nuestra industria del automóvil, lo que tendría consecuencias devastadoras para nuestra economía y nuestros trabajadores». Según el presidente electo, Detroit «no debería malgastar esta oportunidad para reformar sus malas prácticas de dirección y empezar una reestructuración a largo plazo absolutamente necesaria».
La letra pequeña de la ayuda autorizada por la Casa Blanca, muy similar a la intervención aprobada por la Cámara de Representantes pero rechazada por el Senado, requiere entre otras cosas que las compañías rescatadas se dediquen a reducir rápidamente sus deudas y se pongan de acuerdo con sus trabajadores para recortes de sueldos y otros beneficios. Para acceder a estos préstamos de emergencia, General Motors y Chrysler deberán limitar los salarios de sus ejecutivos, obligados también a olvidarse de utilizar aviones privados para sus viajes de trabajo.
Al recurrir para esta operación a los fondos ya presupuestados para el rescate de Wall Street, la Administración Bush también se ha visto obligada a solicitar al Congreso federal que facilite cuanto antes la mitad pendiente de los comprometidos 500.000 millones de euros. De acuerdo con los términos del paquete de rescate financiero, ese dinero debería materializarse en cuestión de quince días si el Congreso no plantea objeciones.
Polaroid se declara en quiebra
Por su parte, el fabricante estadounidense de cámaras fotográficas Polaroid ha solicitado la protección del capítulo 11 de la ley de quiebras de Estados Unidos para facilitar el proceso de reestructuración de la empresa, acuciada por las acusaciones de fraude que pesan sobre su propietario Tom Petters, que desembocaron el pasado mes de octubre en la quiebra de Petters Group, matriz de Polaroid desde 2005.
El fabricante de las populares cámaras de fotografía instantánea aseguró en un comunicado que esta medida no afectará a la actividad diaria de sus empleados, clientes, minoristas y proveedores.


