Una joven marroquí trató de acceder a la sala del tribunal antiterrorista de Salé, junto a Rabat, ayer por la mañana, pero el agente de la puerta se negó en rotundo por las dimensiones de su minifalda escocesa, que consideró irrespetuosa. Una docena de acusados por terrorismo esperaban en el interior de una jaula de cristal. Entre ellos estaba Abdelilah Hriz, que minutos antes había llegado al tribunal ocultando su rostro tras la alfombra que emplea para rezar.
La Justicia de Marruecos le condenó ayer a veinte años de cárcel por su implicación en los atentados del 11-M, que causaron 192 muertos. El fiscal había pedido cadena perpetua y su abogado, que va a recurrir la sentencia, la absolución.
Un pelo suyo en un peine de los terroristas aparecido entre los escombros del piso de Leganés, una mancha de sangre también suya en un pantalón gris hallado en la casa de Chinchón donde se montaron las bombas, números de teléfono, correos electrónicos, el comprobante de una transferencia, testimonios de comisiones rogatorias internacionales o connivencia con otros terroristas con los que organizaba el envío de «yihadistas» a Irak («ir a Francia a hacer el taxi», lo llamaban). Todas estas pruebas contra Hriz recogidas en la denuncia oficial emitida por España y aceptada por el reino alauí para su juicio eran consideradas contundentes por las autoridades de los dos países.
«Este juicio es el resultado de la colaboración internacional antiterrorista», destacó Ángel Llorente, magistrado de enlace de España en Marruecos, que asistió a la vista y cuyo trabajo mano a mano con el que era juez instructor de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ha hecho posible la celebración de este juicio del 11-M en el país magrebí.
Hriz se podía haber negado a dar muestras de su saliva a Del Olmo, pero no lo hizo, con lo que su perfil genético pudo ser comprobado. Las pruebas contra Hriz eran similares a las que se presentaron en Madrid contra el también marroquí Abdelmajid Bouchar, condenado a 18 años, que huyó del piso de Leganés y fue detenido en Serbia. Hriz se quedó unos meses en España tras los atentados antes de viajar a Turquía y Siria, donde fue detenido y entregado a Rabat.
Detenido en Siria
Hriz negó durante el juicio haber estado en Madrid el 11 de marzo de 2004, aunque sí reconoció su paso posterior por Turquía y Siria. Las fechas que ofreció de sus viajes y las que ofreció en sus declaraciones anteriores -que aparecen recogidas en la denuncia española- no coinciden. Dijo además que nunca usa peine y que el pantalón no es de su talla.
El fiscal, que reconoció que el juicio se celebraba gracias a la colaboración jurídica con Madrid, se refirió a la existencia de numerosos elementos que le señalan como culpable y de los que el acusado no es capaz de defenderse. Su abogado, Abdellatif Ennouari, criticó de manera especial los análisis del perfil genético hallados en los escenarios de los ataques. Insistió en que Hriz ya fue juzgado por terrorismo y, tras ser condenado a tres años y ganar el recurso en apelación, quedó en libertad en 2007, aunque volvió a la cárcel en enero de este año tras admitirse la denuncia oficial de España. Ennouari llegó a preguntar incluso si con el juicio a Hriz se pretende acusar de terrorismo a todos los emigrantes marroquíes en España.
Imposible la extradición
Es la segunda vez que Rabat juzga a alguien por un delito cometido en el extranjero. La primera fue hace dos semanas también con otro acusado por el 11-M. Los acuerdos bilaterales vigentes imposibilitan la extradición a España.
La sesión fue seguida desde el recinto acristalado de la sala por siete barbudos vestidos con chilabas y con importantes penas por terrorismo. Son los protagonistas de la más espectacular fuga de una cárcel de la historia de Marruecos. Todos los acusados se saludaron efusivos, como si nada.