Escenificará una cumbre bilateral de alto nivel. La Generalitat, realista, avisa que la negociación es compleja y enfría las expectativas de Moncloa

José Montilla y Josep Lluis Carod-Rovira | ELENA CARRERAS
Viernes, 19-12-08
ILa maquinaria de La Moncloa se puso ayer en marcha y anunció un encuentro al máximo nivel entre Gobierno y Generalitat, quizás el sábado, con el objetivo de dar un cierre fulminante a la procelosa negociación de la financiación autonómica, con un rápido acuerdo con la Generalitat, fotografía en la escalinata de La Moncloa incluida con ministros y consejeros. Una escenificación de la bilateralidad consignada en el Estatuto catalán que permitiría al PSC salvar la cara ante sus socios de gobierno en Cataluña, pero que a buen seguro pondría en pie de guerra al resto de las comunidades de régimen común.
Sin embargo, el Gobierno catalán enfrió las espectativas de Moncloa de un rápido acuerdo político que salvara el compromiso -adquirido por Zapatero el pasado 5 de noviembre- de cerrar el pacto antes de fin de año y recordó que «la negociación es demasiado compleja», técnicamente hablando, como para «precipitarnos dando fechas». En este contexto, no descartan un encuentro, pero advierten que el acuerdo definitivo está lejos todavía.
Eso sí, los socialistas catalanes toman nota de la nueva voluntad mostrada ayer por el Gobierno, después de que el consejero de Economía, Antoni Castells, se reuniera el lunes con el vicepresidente económico, Pedro Solbes, sin lograr ningún avance significativo. Pero advierten de que «no es un simple regateo, es una negociación muy técnica».
PSC en horas bajas
En todo caso, el gesto de Zapatero da aire a un PSC en horas bajas por la indiferencia del vicepresidente económico. El nulo avance de las negociaciones ha puesto en entredicho la relación no sólo entre ambos gobiernos, sino también entre partidos -o entre socialistas catalanes y del resto de España-, especialmente desde que la Ejecutiva del PSC tuvo que reconocer que no podía dejar de votar con el PSOE a favor de los Presupuestos del Estado.
Una vez superada esa prueba, los socialistas catalanes -y también sus socios- confiaban en que Zapatero tomara las riendas de la situación para dar un empujón definitivo al pacto. Desde Cataluña, más de uno ha interpretado las resistencias de Solbes en las últimas semanas como una maniobra del propio Zapatero para mostrar autoridad en el PSOE. En otras palabras, dejar claro que el PSC no iba a imponer su calendario a cuenta de la votación de los Presupuestos.
En el propio PSC ha habido voces muy críticas con la actitud del consejero de Economía, Antoni Castells, quien hasta el último momento ligó la negociación de la financiación con los Presupuestos. Sin embargo, lo cierto es que este órdago fue secundado en su momento por toda la dirección catalana, lo que ha molestado enormemente al PSOE y ha favorecido la aparente insensibilidad de Zapatero y Solbes en esta negociación. Más allá de posturas de fuerza, el tripartito ve con auténtica aprensión la posibilidad de afrontar el ejercicio de 2009 sin una mejora de su capacidad financiera, puesto que los ingresos de la Generalitat han caído en picado con el colapso de la construcción -dado que el impuesto de transmisiones patrimoniales, que supone el 10% de los ingresos tributarios de la Generalitat, ha caído un 47% este año y se prevé un descenso similar para 2009- . Tanto es así, que mientras los socialistas insisten en conseguir un nuevo modelo que respete el principio de ordinalidad -ninguna comunidad puede perder puestos en el ranking de renta per cápita después de impuestos-, ERC estaría dispuesta a aplazar la negociación a cambio de una inyección económica como la habilitada para los ayuntamientos.
Ruptura en Cataluña
En este contexto, la votación de los Presupuestos en el Congreso provocó además la ruptura de la frágil unidad del tripartito y CiU en torno a esta cuestión, cuando el diputado nacionalista Francesc Homs acusó a los socialistas de «no tener vergüenza y mentir» sobre los plazos de la negociación. Finalmente, CiU y tripartito vetaron sus respectivas mociones sobre financiación y certificaron la ruptura.

