Afinsa
Lunes, 15-12-08
Era por el mediodía de un agitado 9 de mayo de 2006 cuando estallaba el escándalo de Forum y Afinsa, dos enormes empresas que, hasta el momento, contaban con todos los parabienes de la CNMV, del Banco de España, del Ministerio de Consumo, y de algunos otros organismos que nos garantizan -supuestamente- el perfecto funcionamiento del sistema. Sin embargo, de la noche a la mañana, estos dos grandes grupos empresariales que, incluso, tenían la desfachatez de apadrinar causas nobles y apoyar el deporte, se convirtieron en dos chiringuitos dirigidos por chorizos y tarambanas donde se vendían duros a cuatros pesetas, levantaban pirámides de cartón-piedra y se llevaban la pasta de muchos incautos.
Por vía de urgencia, la Audiencia Nacional, que es ese feudo en el que lo mismo reviven dictadores que perecen capos de la droga, se puso a los mandos de la operación para salvar al mundo de estas dos lacras. Los jueces-vedette sacaron sus mejores galas y con sus cuchillos justicieros empezaron a destripar la pieza. Metieron entre rejas a los culpables -poco tiempo, eso sí- y se pusieron a investigar aquello que tan a podrido olía. A Pedraz, una de las vedettes-juez, le tocó en suerte Afinsa y, raudo cual Hermes de pies alados, encargó un informe a un grupo de peritos judiciales «altamente cualificados». De tal encargo se cumplen ahora dos años y medio y, a la petición del abogado Gómez de Liaño sobre las conclusiones que ya se han debido de extraer a partir del informe, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido y la alta cualificación de sus hacedores, han contestado que la conclusión es que no hay conclusiones, que si no consiguen información, que si los de Mónaco y las Islas Vírgenes no quieren desvirgar la intimidad de sus clientes, que si la abuela fuma.
Sería la releche que, después de la que armaron Rubalcaba y sus secuaces aquel nueve de mayo, se demostrara que no había para tanto, que aquellos negocios no eran más que eso, negocios en los que se vendía y se compraba según las leyes del mercado, es decir, según esa máxima del comercio que dice que las cosas valen lo que te den por ellas. Muchos, Rubalcaba, te esperamos.

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